El semillero de Quimberly y otras lecciones indígenas de Colombia para salvar el planeta

La joven de 20 años tiene como misión preservar las fuentes de agua, apoyar la producción de caña panelera y arroz, y desarrollar huertas escolares en Paez Corinto-López Adentro, en el Cauca

Suena la campana y se acaba la hora del recreo. Los chillidos infantiles que se desperdigaban entre las aulas y el campo de fútbol se convierten poco a poco en silencio, en una mañana nubosa y calurosa de mayo. “Bienvenidos a la institución educativa bilingüe Dxi ‘Phaden. Formación y producción para la generación de autonomía”, reza un cartel en la puerta de la escuela de primaria y secundaria que hay a la entrada del resguardo Paez de Corinto-López Adentro, un territorio indígena situado en la frontera de los municipios de Caloto y Corinto (Cauca, Colombia), a 45 minutos de Cali en coche.

En esta institución, al igual que en las otras tres situadas en las veredas de Guabito, Pílamo y Vista Hermosa, los territorios que conforman la reserva indígena, hay un huerto escolar que Quimberly Conda Quiguapumbo y otros compañeros que pertenecen al comité económico ambiental se encargan de gestionar. “Desde muy niños en el colegio, pero también dentro las familias, hay que inculcarles los valores medioambientales”, reflexiona la joven líder, de 20 años. “Para que ellos se lo transmitan a sus hijos y sepan que es necesario cuidar a la Madre Tierra para poder seguir contando con todo este hábitat natural”, dice, mientras esparce en el huerto gotas de guarapo, una bebida fermentada y alcohólica extraída de la caña de azúcar que el pueblo nasa utiliza para ofrendas y rituales de purificación.

Quimberly Conda Quiguapumbo creció en la vereda de Guabito junto a sus padres, que le inculcaron a ella y su hermana, dos años menor, la importancia de preservar la naturaleza y el ecosistema en el que viven: 426 kilómetros cuadrados, en el que habitan 2.300 personas (unas 800 familias). Su liderazgo es reciente, apenas lleva un año formando parte de la junta directiva del Cabildo indígena —la entidad, a modo de Ayuntamiento o Gobierno, por la que los miembros de una comunidad indígena se rigen—, siendo la principal representante del comité económico ambiental. Pero a pesar de su juventud y su poca experiencia, tiene claros sus objetivos: “Nos gustaría que un día en nuestro territorio haya jóvenes preparados en todos los ámbitos y que no tengamos que recurrir afuera, sino desde aquí decir: ‘Contamos con un profesional que nos puede ayudar”, sueña Conda.

Y para alcanzar ese sueño y el de la preservación de la naturaleza, además de la auto-sostenibilidad, son fundamentales las actividades medioambientales con los más pequeños, la transmisión del conocimiento ancestral de los mayores y el apoyo de la comunidad. “Programamos jornadas en las que vamos con los estudiantes, que han producido abono orgánico y han trabajado las semillas para que den frutos o crezcan árboles, a que hagan una siembra colectiva y reforestemos nuestra tierra; y la acompañamos de danzas, purificación y rituales para pedir permiso a los espíritus, a la vez que se lo brindamos”, explica la líder, que asegura que de las huertas escolares de las cuatro veredas ya han salido más de 2.000 árboles.

“Una de las grandes ventajas es que hemos contado con el apoyo de los mayores, que son quienes más nos motivan para seguir y los que nos transmiten la historia de lucha de nuestro pueblo, que ha sido larga y dura, y en la que seguimos”, añade. La lucha histórica de los pueblos indígenas por la tenencia de tierras tampoco le es ajena a los habitantes del resguardo de Paez Corinto-López Adentro, que se conformó aproximadamente tal y como ahora se conoce hace 28 años, después de un proceso de recuperación de tierras que comenzó en 1978. Una paradoja: las comunidades nativas protegen el 80% de la biodiversidad del mundo, pero ocupan apenas el 10% de la tierra.

Quisiéramos no tener que recurrir al pueblo para conseguir una cebolla, un tomate o una papa, y así generar una economía propia

Aparte de las huertas escolares, Quimberly está a cargo de la supervisión de los cultivos de yuca, maíz, frijol, plátano y plantas medicinales, todos ellos sembrados bajo los saberes ancestrales de la cultura nasa. Además, la reserva cuenta con una planta de transformación de la caña panelera producida en sus tierras y una extensa plantación de arroz orgánico. En las dos se hace un extenso trabajo para que sean los más jóvenes los que estén a cargo de todos los procesos y sea una fuente de ingresos para ellos y un motivo para no abandonar la comunidad.

El arroz producido se comercializa con el nombre de Kwe’sx y la cooperativa está constituida como una empresa comunitaria dedicada al cultivo, pero también al empaquetamiento, distribución y comercialización de arroz, el cual es 100% producido por manos indígenas de la reserva, y del que se saca una media de cinco toneladas al día. Con la nueva maquinaria que espera el resguardo, con la participación de Ayuda en Acción, se espera poder producir de entre 30 a 50 toneladas diarias. “Fortaleciendo esos procesos quisiéramos en un futuro no muy lejano que no tuviéramos que recurrir a ir al pueblo a por una cebolla, un tomate o una papa, y así generar una economía propia para la subsistencia de nuestro territorio”, explica la joven.

Arroz kwe´sx, elaborado por nuestras comunidades indígenas, un arroz de calidad, 100% un grano de calidad, rendidor y lo mejor de todo a un precio cómodo para los bolsillos de los Quilichagueños...

Posted by Consejo Regional Indígena del Cauca -CRIC on Thursday, September 24, 2020

Una subsistencia de la que también depende cómo se ejecuten los cultivos y el uso de los químicos –prohibidos en el resguardo–, pero también del cambio climático y sus consecuencias, como la sequía. “El río Palo era uno de los más grandes de esta zona y ahora ha mermado mucho”, lamenta Conda, que también está encargada de la conservación de las fuentes de agua en el territorio indígena. “Por los mayores sabemos que las quebradas bajaban con agua abundante y ahora vemos como son muy pequeñas”, añade la líder, que de momento dice que no sufren la falta de agua como uno de sus mayores problemas.

El éxodo de los jóvenes a las grandes ciudades, el reclutamiento forzoso en grupos armados de estos y la pérdida de sus saberes ancestrales sí que son aspectos que preocupan a la comunidad y a Quimberly. “He pensado en salir y prepararme, pero con la idea de formarme para poder volver acá a seguir fortaleciendo los proceso de mi comunidad”, explica la joven.

Con la nueva presidencia de Gustavo Petro y su vicepresidenta, Francia Márquez, albergan la esperanza de que las reivindicaciones de los pueblos indígenas sean más escuchadas. Junto a otros jóvenes, aprende de sus mayores. “Cuando nos sentamos a hablar con ellos, lo que nos inculcan es que hay que vivir en armonía y equilibrio con la naturaleza, porque desde ahí, desde lo espiritual con la Madre Tierra, empieza y nace todo lo demás: la política, la cultura y, por supuesto, nuestra cultura”.

Este reportaje se realizó con el apoyo de Ayuda en Acción y el proyecto 1Planet4All, financiado por la Unión Europea. 

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Sobre la firma

Belén Hernández

Redactora de Estilo de Vida, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS, donde escribe sobre cultura y tendencias, pero también sobre infancia, medio ambiente y pobreza en países en desarrollo. Antes trabajó en El Mundo y Granada Hoy. Es granadina, licenciada en Periodismo por la Universidad de Málaga y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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