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Coordinado por Fernando Casado

Lecciones aprendidas del legado de Hábitat III

El objetivo es replantear el papel local y territorial en la transformación de las ciudades cinco años después de la conferencia global sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible

Maqueta de un proyecto para buscar alternativas al acceso a la energía limpia.
Maqueta de un proyecto para buscar alternativas al acceso a la energía limpia.Jaime Villanueva

En la víspera de la celebración del 5º aniversario de la Nueva Agenda Urbana adoptada en el marco de Habitat III, hemos podido ver de forma empírica y dolorosa la importancia de las actuaciones a nivel local para el bienestar global. Nunca antes había quedado tan clara como la vulnerabilidad de algunos grupos impactaba a toda la sociedad, ya no en términos éticos sino de seguridad vital.

Es doloroso porque nos toca admitir que las inversiones en lo público, el ámbito que ha velado por nuestra seguridad durante la mayor crisis sanitaria universal recordada, siguen siendo insuficientes y porque las tensiones entre esferas de Gobierno han dado lugar a inseguridades de la ciudadanía que muestra gran hastío ante las instituciones, a pesar de su gran dependencia de las mismas.

De camino a la evaluación del estado de situación de la Nueva Agenda Urbana hemos de conseguir que quede claro que el nivel local no solo influye, sino que tiene que modelar lo global. Mientras que durante la Cumbre de Río+20, nuestras redes clamaban por objetivos globales y acciones locales, hoy en día solicitamos esfuerzos conjuntos desde nuevos criterios de gobernanza.

Si la Agenda 2030 supone el marco para llevar a cabo la transformación de nuestras sociedades, es necesaria, junto a ella, una herramienta que permitiera aterrizar los ODS, y acelerar su consecución desde nuestros barrios y nuestras ciudades. Esta, definida hace justo cinco años, es esa herramienta. Nuestro colectivo ha sabido desde un principio que era el acelerador necesario para los ODS y que, bien planteada, supone un impulso para la localización de los mismos.

Proponemos una renovación del contrato social desde los territorios, desde el ecologismo y un nuevo liderazgo empático y compartido para alcanzar el derecho a la ciudad, el ideal común que refleja la Nueva Agenda Urbana

Con la implementación de la Nueva Agenda Urbana nos jugamos el desbloqueo de la localización para la acción climática, la cohesión territorial, los ODS y la modernización de los sistemas democráticos con renovación de gobernanza, transparencia y gobernanza en el centro.

Este artículo y nuestra acción colectiva tiene por objetivo que esto cambie y que los gobiernos locales y regionales sean reconocidos como los actores políticos que son y sus servicios públicos como los instrumentos de base para la transformación.

La pandemia y las agendas globales

A lo largo de casi dos años, los gobiernos locales y regionales han estado, y siguen, a primera línea de la lucha contra los peores efectos de la pandemia. Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), pasando por el G20 y llegando a la Asamblea General de la ONU o el Banco Mundial se hacen eco de esta realidad. El mantenimiento de la provisión de servicios básicos en sus comunidades en los momentos de más incertidumbre ―desde el agua hasta la vivienda, pasando por el transporte o la educación― ha sido una prueba irrefutable del significado de su trabajo, pero también lo ha sido su capacidad para definir nuevos servicios y apoyar a aquellos nuevos grupos afectados por el contexto de crisis sin precedentes.

Justamente el fortalecimiento del ecosistema de servicios públicos, su financiación redefinición y consolidación será clave para una recuperación que permita a nuestras sociedades reinventarse siendo la nueva normalidad o el reseteo algunas de las fórmulas con las que ciudades y territorios de todo el mundo están trabajando, con la complicidad de las comunidades.

A pesar de que algunos países comienzan a ver la salida, con tasas de vacunaciones altas, sabemos que la recuperación no está siendo equitativa, ni siquiera para los países más afortunados. Sabemos que nuestros sistemas de prestación de servicios se verán comprometidos debido a la falta de recursos y también que habrá muchas más personas vulnerables como consecuencia de la pérdida de empleo a la que se enfrentarán nuestras economías. Es desde el nivel local y territorial desde donde estas apreciaciones no son abstractas, sino que adquieren rostros de personas, de familias y de barrios.

La emergencia climática nos advierte que no solamente tenemos que cambiar las reglas del juego sino el juego mismo y la total implicación ciudadana será imprescindible. La Nueva Agenda Urbana y el legado de Hábitat III pueden ofrecernos un tablero sólido sobre el que desarrollar los Objetivos de Desarrollo Sostenible con el feminismo, el ecologismo y el municipalismo en el centro de la maquinaria transformadora.

El Hábitat III pueden ofrecernos un tablero sólido sobre el que desarrollar los Objetivos de Desarrollo Sostenible con el feminismo, el ecologismo y el municipalismo en el centro de la maquinaria transformadora

En un momento en que el valor de las ciudades pequeñas e intermedias se está mostrando más que nunca, cuando el teletrabajo está en alza y nuestros modelos urbanos se cuestionan y necesitan una renovación, estos objetivos pueden y deben jugar un papel como agenda territorializadora. Debemos fomentar la simbiosis entre el ámbito rural, las ciudades pequeñas y medianas, y las grandes metrópolis, con el objetivo de recuperarnos a la misma velocidad y de reducir desigualdades entre territorios y personas.

La oportunidad de Quito+5

Los destinos locales y universales están estrechamente ligados. Para alcanzar las metas que nos pusimos en 2015 y en 2016, necesitamos un nuevo multilateralismo, con la democracia local y la localización en su centro, y el fortalecimiento del autogobierno local. Los habitantes de nuestras ciudades y pueblos son ciudadanos globales cuyas aspiraciones solo pueden ser atendidas y protegidas a través de la cohesión y la solidaridad.

Nuestro movimiento municipalista, nuestro colectivo de gobiernos locales y regionales, está preparándose para la revisión de la Nueva Agenda Urbana en el Quito+5+1, que tendrá lugar en abril de 2022.

La Asamblea Mundial de Gobiernos Locales y Regionales, nuestra herramienta para revisar y dar seguimiento a la agenda global, se nutrirá no solamente del texto aprobado y su aplicación hasta ahora, sino del gran legado, junto al proceso participativo que nos llevó hasta Quito, ha dejado en nuestras organizaciones y en nuestros socios de la sociedad civil.

Ponemos grandes esperanzas en las propuestas perfiladas por el Secretario General de la ONU y sugerimos una renovación del contrato social desde los territorios, desde el ecologismo y un nuevo liderazgo empático y compartido para alcanzar el derecho a la ciudad, el ideal común. Proponemos un Pacto para el Futuro, que definiremos en nuestra realidad multicultural, diversa y con valores universales. Todo ello junto a la sociedad civil para transformar cómo nos relacionamos entre nosotros, con nuestro entorno, y con nuestras instituciones, en el marco de un sistema multilateral repensado.

Este Pacto se alinea con el marco transformador de los ODS, y con la ambiciosa Agenda Común que presentó hace escasas semanas el Secretario General de las Naciones Unidas. Si la Nueva Agenda Urbana es la palanca para alcanzar los ODS desde lo local, el Pacto que proponemos supone la transformación de cómo llegamos a nuestros objetivos comunes: repensando la acción por las personas, por el planeta, y por el Gobierno.

Cinco años después de Hábitat III, su legado va mucho más allá de la Nueva Agenda Urbana y aunque preocupados y conscientes de que más inversión y más transferencias de competencias y capacidades serán indispensables, no somos pesimistas. Tenemos esperanza e ilusión, la que comparten nuestras comunidades, cuya solidaridad y resiliencia se muestran cada día.

Esta es un nexo vital entre los gobiernos locales, regionales y naciones. Es un horizonte al que avanzar juntos como socios de la transformación que el planeta necesita. Además del diálogo, necesitaremos cogobernar y una visión universal pensada localmente pero con ambiciones compartidas.

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