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Coordinado por Fernando Casado

Adaptando nuestros pueblos y ciudades a la nueva realidad del cambio climático

Las últimas cifras muestran que los desastres naturales ya suponen para la economía mundial 446.000 millones de euros al año. La planificación de la acción contra el calentamiento debe ser participativa, con perspectiva de género y transparente

Personas con tapabocas deambulan junto a las esculturas de Fernando Botero, con mascarillas dado el lanzamiento de la campaña 'Yo cuido a Medellín'.
Personas con tapabocas deambulan junto a las esculturas de Fernando Botero, con mascarillas dado el lanzamiento de la campaña 'Yo cuido a Medellín'.Luis Eduardo Noriega A (EFE)

Mientras la comunidad internacional se apresura a combatir el calentamiento global reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, nuestras ciudades y pueblos deben prepararse con urgencia para el impacto de la crisis climática.

Muchas áreas urbanas de todo el mundo ya sufren temperaturas extremas, tormentas e inundaciones. Efectos que continuarán sufriendo incluso si los países logran alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 ℃ en comparación con los niveles preindustriales.

El aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones de lluvia ejercen una gran presión sobre el suministro de agua y alimentos en los núcleos urbanos y otras zonas, mientras que los incendios forestales están destruyendo viviendas y ecosistemas. Olas de calor, sequías e inundaciones también están generando graves problemas de salud y se estima que la crisis climática podría expulsar a más de mil millones de personas de sus hogares en los próximos 30 años.

El calentamiento global está provocando el derretimiento de los glaciares y del hielo polar, acelerando el calentamiento de los océanos y causando un aumento del nivel del mar que amenaza a casi dos tercios de las ciudades de más de cinco millones de habitantes, agravando la erosión costera, provocando inundaciones, e intensificando la contaminación del agua dulce, así como las tormentas y ciclones.

Ante esta grave amenaza, las ciudades están haciendo uso de una amplia gama de medidas de protección, desde diques y tanques de tormentas hasta soluciones basadas en la naturaleza. Algunas urbes ya cuentan con sistemas de alerta temprana y estructuras resilientes, y están acelerando la plantación de árboles en las calles y la creación de tejados verdes, proporcionando sombra y poniendo freno al efecto de isla de calor urbana.

En los entornos urbanos son las personas más desfavorecidas las que están en mayor riesgo, especialmente aquellas que viven en asentamientos informales o en lugares precarios como laderas propensas a deslizamientos de tierra. Mil millones de personas viven en barrios marginales con pocos servicios básicos o acceso a apoyos de emergencia en tiempos de crisis y están fuera del sistema “formal” de leyes y reglamentos.

El cambio climático puede atrapar a las personas vulnerables, ya que cada desastre climático da como resultado la pérdida de vidas y bienes y genera graves alteraciones, al tiempo que limita sus habilidades para afrontarlo y adaptarse. Miles de ciudades han comenzado a tomar medidas, pero muchos gobiernos locales parecen no estar preparados debido a la falta de conocimiento, la falta de políticas, planes relevantes, sensibilización, capacidad técnica o financiación. Pero cuanto más se retrasen las medidas de adaptación, más costosas y difíciles serán.

Las últimas cifras muestran que los desastres, que en su mayoría están relacionados con el clima, ya suponen para la economía mundial 446.000 millones de euros al año. Por supuesto, no existe una solución única para todas las ciudades, pueblos y territorios y las medidas de adaptación y resiliencia dependerán del tipo de amenaza, la población, la geografía y la economía. Debido a estas diferencias, la planificación de la acción contra el cambio climático debe ser participativa, con perspectiva de género y transparente.

Ante la urgencia de las medidas a tomar y el gran reto que supone el cambio climático en los entornos urbanos, el tema del Día Mundial de las Ciudades 2021, que se celebra como cada año el 31 de octubre, es Adaptar los núcleos urbanos para la resiliencia climática. Este año, ONU-Habitat y el Gobierno de Egipto se unen para celebrar este día internacional, legado de la Expo de Shanghai 2010, y que coincide con el inicio de las negociaciones en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático - COP26 que se celebra en Glasgow, Escocia, espacio en el que las urbes y los gobiernos locales reclaman cada vez más presencia.

ONU-Habitat ha ayudado a las urbes a potenciar su resiliencia frente al cambio climático abordando diferentes componentes: evaluar problemas de resiliencia; realizar sugerencias normativas y de políticas; proponer proyectos y programas específicos, enlazar a los responsables y los diseñadores urbanos con donantes e inversores para financiar la implementación, y garantizar una mejor coordinación multinivel entre los legisladores de regiones y países. Reconociendo las diferencias existentes entre urbes y pueblos, ONU-Habitat ha proporcionado el mejor enfoque para cada país y, a través de su guía “Planificación de acciones de resiliencia de la ciudad” (CityRAP por su nombre en inglés), adopta un proceso de consulta participativo y basado en las necesidades de cada comunidad.

Durante los cuatro años en los que se desarrollará el proyecto Fomento de la resiliencia climática urbana en el sudeste de África, y usando la herramienta CityRAP, se desplegarán proyectos específicos en Mozambique, Malawi, Madagascar y las islas Comoras que ofrecerán diversas soluciones de adaptación, como la protección de las escuelas ante inundaciones y ciclones, la mejora del drenaje y de la gestión de residuos, la restauración de manglares y la plantación de árboles. En esta misma línea, el Programa Global de Resiliencia de la Ciudad, utiliza la extracción y el análisis de datos para proponer soluciones y ha trabajado con responsables de la localidad brasileña de Teresina y la rusa de Yakutsk, conocida por ser la ciudad más fría del mundo, para diseñar e implementar perfiles de confianza que, en parte, abordan los desafíos del cambio climático.

Este programa también ha estado trabajando en Barcelona, que en 2018 presentó el “Plan Clima” que destaca aspectos socioeconómicos clave para abordar la vulnerabilidad social y la resiliencia. La adaptación es un principio fundamental en más de 80 ciudades, de casi una treintena de países de África, Asia-Pacífico, Oriente Medio y América Latina y el Caribe, donde se desarrollan muchos de los proyectos de ONU-Habitat, a través de los cuales se apoya a las urbes de todo el mundo para que accedan a la financiación para proyectos climáticos El programa de ONU-Habitat “Fortalecimiento de la resiliencia climática de las personas desfavorecidas en las ciudades” une a las comunidades y a sus autoridades locales para encontrar formas de reducir el impacto de los desastres relacionados con el clima, como la mejora de la vivienda y la infraestructura, donde la ciudadanía desempeña un papel activo en la planificación, el diseño y la implementación del proceso de mejora de los barrios marginales.

Las actuaciones abarcan desde la construcción de un sistema de drenaje o suministro de agua hasta la ampliación de las carreteras de acceso, la reconstrucción de viviendas y la infraestructura. Las urbes deben garantizar que la resiliencia forme parte de sus políticas urbanas y sus planes de inversión. Actuando ahora, se mejorará la vida en las en el presente y se las mantendrá seguras en el futuro.

Maimunah Mohd Sharif es Directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos

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