El PP redescubre a Rajoy

Tras meses de dudas internas sobre su líder, el partido aplaude la gestión del desafío independentista

Mariano Rajoy, durante una comparecencia.
Mariano Rajoy, durante una comparecencia. Samuel Sanchez (EL PAÍS)

El 11 de octubre, Mariano Rajoy tomó la palabra en el Congreso, miró a Pablo Iglesias, y le citó con el futuro. "Cuando yo deje de estar en esta Cámara, me gustaría que alguien como usted dijera: qué agallas y qué instinto tenía el señor Rajoy", dijo el presidente durante un debate monográfico sobre el desafío independentista en Cataluña. Quince días después, Carles Puigdemont era cesado como president y se convocaban elecciones autonómicas para el 21 de diciembre. Los barones del PP celebraron esas decisiones ovacionando a su líder en el Comité Ejecutivo en el que analizaron la activación del artículo 155. Los aplausos resumieron un cambio de escenario: un año después de que el partido aceptara con resignación la candidatura de Rajoy a la presidencia, y de que luego lamentara sus dificultades para lograr la investidura, o su inacción en Cataluña, el líder ha cimentado su posición interna y ha acallado al ala dura del PP.

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"Es para aplaudir que Rajoy haya logrado que haya unidad política entre partidos tan distintos como el PSOE, el PP y Ciudadanos; haber sido prudente y a la vez contundente; y que las medidas hayan dejado sin ningún tipo de discurso a quienes podían haber pensado que tenía algún sentido continuar en esta situación de proclamar la República", opinó Javier Maroto, vicesecretario del PP, que destacó la complejidad de acometer todas esas acciones "a la vez, rápido y con garantías".

Durante meses, la unidad granítica que mostraba el PP en público amenazó con agrietarse. Rajoy ganó las elecciones de diciembre de 2015, pero no logró los votos necesarios para mantenerse en La Moncloa. El líder del PP volvió a imponerse en los comicios de junio de 2016, pero no sumó los apoyos suficientes para celebrar la investidura hasta finales de octubre. El frustrante paso de los días, y la amenaza de una tercera convocatoria electoral, tensionaron internamente al PP. Aunque nadie cuestionó a Rajoy en público, entre diputados y cargos intermedios se extendieron las dudas. La inquietud interna aumentó cuando voces autorizadas de otras formaciones empezaron a personalizar el origen del bloqueo institucional en la figura del candidato, como hicieron Albert Rivera (que pidió "una investidura viable") o el expresidente socialista Felipe González ("El partido más votado presenta un candidato que es el más vetado, no solo por las demás fuerzas políticas, sino que dentro de su propio electorado tiene un profundo rechazo").

Pero Rajoy aguantó. Apurando los tiempos, logró los votos necesarios para revalidar la presidencia. Y se dispuso a afrontar con la misma estrategia el desafío independentista de la Generalitat.

Entonces, las críticas internas hacia su táctica se acumularon al mismo ritmo al que Puigdemont daba pasos en la organización del referéndum ilegal del 1 de octubre y en la aprobación de las leyes de desconexión. El expresidente José María Aznar llegó a afearle a Rajoy su "inacción" frente al desafío independentista y le invitó a convocar elecciones nacionales si no se veía capacitado para afrontar el reto. Juan José Lucas, expresidente del Senado y presidente de la comisión constitucional de esta Cámara, pidió durante el verano "coraje y decisión" para aplicar inmediatamente el 155. Hubo consejeros que le recomendaron a Rajoy lo mismo. Él esperó hasta octubre. Hoy nadie en el PP le discute esa decisión.

Los estrategas que acompañan al presidente aseguran que en este tiempo ha tomado dos decisiones para contentar al ala dura del partido y mantener los equilibrios internos. La primera, que Xavier García Albiol sea el candidato del PP a la Generalitat, venciendo las resistencias del sector moderado del PP, que le buscaba sustituto. Y la segunda, adelantar las elecciones autonómicas al 21 de diciembre en lugar de mantener la intervención del Estado en Cataluña durante al menos seis meses, como le pedían los halcones del PP, que veían una oportunidad para auscultar las estructuras de la Administración catalana y a sus funcionarios.

"El jefe no iba a crear bicefalia entre el candidato y el presidente del partido (en Cataluña). Xavi fue elegido hace poco y está en estos momentos difíciles", resumió un político que despacha a diario con el presidente del Gobierno.

"Y si no hubiera convocado elecciones para el 21 de diciembre, no habría disuelto el Parlament, que así habría estado tomando decisiones durante seis semanas con una mayoría independentista", añadió otro dirigente nacional, refiriéndose a la fecha inicialmente preferida por el PSOE, el 28 de enero.

"El presidente es isotérmico, y eso es una garantía", se felicitó una dirigente nacional tras escuchar cómo el líder del partido explicaba las medidas adoptadas en Cataluña durante la reunión del Comité Ejecutivo, celebrado el lunes en Génova.

"Es infalible. Lo fue cuando evitó el rescate y lo ha sido ahora", comentó tras la activación del artículo 155 otro dirigente nacional del PP.

La imagen de Rajoy se ha visto sometida a una erosión continua desde que se presentó a las elecciones generales de 2011, que ganó con una abrumadora mayoría absoluta. Si los votantes le daban entonces un 4,44 de valoración media, en el último CIS publicado, que data de agosto, ya solo le concedían un 2,79. Únicamente los electores del PP han mantenido casi inalterable su opinión sobre el actual presidente (del 6,84 de 2011 al 6,41 de 2017). Los estrategas del partido que sostiene al Gobierno confían en haber encontrado un punto de inflexión en el cambio de estrategia de Rajoy. Después de años siendo acusado de inacción, el presidente ha tomado la iniciativa. Solo el tiempo dirá si lo ha hecho a tiempo, o demasiado tarde.

Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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