“Rajoy curioseaba desde su móvil los memes que le hacían y se reía mucho”

José Antonio Ramos fue el fotógrafo del presidente entre 2015 y 2018. El primer día de trabajo, cuando le vio tirado en el suelo para hacer una foto diferente, el jefe del Gobierno le dijo: "¿Y esto, para qué es?"

José Antonio Ramos, en un 'selfie', junto al expresidente Mariano Rajoy.
José Antonio Ramos, en un 'selfie', junto al expresidente Mariano Rajoy.

Rajoy con Carles Puigdemont, con Pedro Sánchez o Jordi Évole. Rajoy en el avión presidencial. Rajoy en el Despacho Oval, en un campo de alcachofas, almorzando en Central Park o acariciando un bebé. Rajoy despidiéndose de su equipo. La colección de imágenes tomadas por José Antonio Ramos del expresidente es casi infinita. No incluyen al líder popular corriendo tras un perro, jugando al baloncesto con LeBron James o compartiendo despacho con Spiderman, como sí retrató Pete Souza a Barack Obama. “Esa es la diferencia entre la fotografía política de Estados Unidos y la de España”, explica Ramos. “Aquí todavía no la hemos entendido del todo”, subraya.

Conocido en redes sociales como Santana de Yepes, fue el discreto fotógrafo personal de Mariano Rajoy en La Moncloa desde agosto de 2015 hasta el 1 de junio de 2018. Hace unos días mostró una selección de 600 imágenes en una charla ante medio centenar de estudiantes en EADE, centro universitario privado de Málaga. Algunas se pueden consultar en su cuenta de Twitter, otras forman parte de un archivo personal. Ahí guarda también el trabajo realizado en hasta 10  campañas electorales en el último lustro —siempre con el Partido Popular— que incluyen dos generales y las primarias de la mano de Soraya Sáenz de Santamaría.

“¿Y esto, para qué es?”, le dijo sorprendido Rajoy su primer día en la oficina. La pregunta la hizo tras ver al fotógrafo tirado en el suelo para lograr una instantánea diferente. Durante los tres años y medio que permaneció junto al mandatario esa fue su labor: buscar la mejor fórmula para proyectar el liderazgo mediante imágenes a color. E impulsar así la cercanía en redes sociales. Un trabajo apasionante que le llevó por medio mundo. También a vivir en primera persona eventos históricos como la repetición de las elecciones generales o la aplicación del artículo 155. Tampoco faltaron días grises y aburridos. Como aquellos en los que solo podía hacer retratos en el “maldito sofá blanco” donde el entonces presidente recibía a las visitas en La Moncloa bajo un protocolo que mataba la creatividad.

Cada mañana comenzaba con la tradicional caminata de Rajoy. “No la perdonaba nunca”, recuerda el fotógrafo, que le retrató practicando este deporte en Galicia, la Ciudad Prohibida de Pekín, el National Mall de Washington o las calles de Buenos Aires, entre muchos lugares. También en Brasilia. Allí, y para contrarrestar una mañana gris, Ramos saturó los colores de la imagen que sirvió para dar los buenos días en el perfil oficial de Twitter del entonces presidente. Horas después se había convertido en un aluvión de memes por su apariencia apocalíptica. No fue la primera ni la última vez en que su trabajo se hacía viral, pero Rajoy siempre se tomó con humor las bromas. “Curioseaba desde su móvil y se reía mucho”, destaca Ramos, que siempre tuvo como aliado al jefe de Gabinete, Jorge Moragas, apasionado de la fotografía y quien llegaba a proponer originales puntos de vista.

Otras muchas fotografías retratan a Rajoy en su medio de transporte favorito, el tren. La ida de cualquier desplazamiento le servía para trabajar con su equipo. La vuelta, para departir con los viajeros en la cafetería. “Buscaba la cercanía con la gente”, explica el fotógrafo. No hubo que convencer a Rajoy de que ahí había buenas fotos. Él mismo es un apasionado de los selfies. En numerosas ocasiones recomendó a sus seguidores repetir la captura o cambiar la ubicación para obtener mejor iluminación. “Con esta, triunfamos”, les decía a quienes pedían fotografiarse junto a él. Ello recuerda a Ramos cuando el líder popular recibió un puñetazo en Pontevedra a finales de 2015: “Me sorprendió su calma. Incluso fue a tranquilizar a su jefe de escoltas. Asumía que era un riesgo que se corre al estar tan cerca de la ciudadanía”.

Las multitudes, precisamente, impidieron conseguir lo que el profesional denomina “el instante limpio”. Es decir, un retrato íntimo y solitario del líder gubernamental en un momento y lugar histórico. “Siempre estaba acompañado de no sé cuántos cargos y se perdía toda simbología”, relata. Para demostrar la importancia de estas imágenes puso de ejemplo el trabajo de Soazig de la Moissonnière o Adam Scotti, que trabajan con Emmanuel Macron y Justin Trudeau. También el de Pete Souza, que ha realizado varias publicaciones con sus fotos de Obama. Ramos, por ahora, se lo pensará.

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