Última madrugada en Totalán

La casa en que estaban los padres de Julen se convirtió, tras el hallazgo del cuerpo, en el punto de reunión de decenas de personas

Miembros del equipo de mineros que trabajó en el rescate a Julen.
Miembros del equipo de mineros que trabajó en el rescate a Julen.JON NAZCA

Entre la una y las dos de la madrugada del domingo, el bar Arriba y Abajo de Totalán se vació de gente. Mucho antes se había quedado sin pan para seguir haciendo camperos, el bocadillo típico de la zona, pero siguió abasteciendo a sus clientes con pizzas caseras. No a periodistas, o no solo. Alrededor de la medianoche, en ese bar vecino a un pino enfermo del que se desprendían procesionarias, había en el pueblo decenas de personas que no eran ni vecinos, ni periodistas, ni familiares ni amigos de la familia de Julen Roselló, el niño al que se estaba buscando en un pequeño agujero de 113 metros. Estas personas se habían acercado desde Málaga y varias ciudades de Andalucía y el resto de España, como Madrid o Barcelona, para rezar y apoyar a los padres de Julen.

Cuando el bar iba a cerrar, algunos de los que estaban allí se fueron a hacer guardia alrededor de la casa en la que estaban los padres de Julen. Los vecinos, después de una última conexión con el programa de Ana Rosa Quintana que los mostró mirándose a sí mismos en la televisión, se fueron a sus casas. Y la mayoría de los periodistas decidió pasear dos kilómetros hasta la curva desde la que los vehículos autorizados accedían al pozo en el que se realizaban los trabajos, a punto de concluir.

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Una pista movía a la prensa a no moverse del lugar: la subdelegada del Gobierno en Málaga, María Gámez, se encontraba a esas horas en el pueblo. Otra se pudo ver en la retransmisión en directo que se estaba haciendo a esas horas: numerosa gente se había empezado a mover en torno al pozo de Totalán, reuniéndose y hablando en grupos dispersos. Al día siguiente, el ingeniero que estaba a cargo de los trabajos, Angel García Vidal, dijo en Antena 3 que al saber que habían encontrado al niño muerto, se abrazaron todos los que se encontraban allí.

De noche, el cuerpo de Julen fue localizado por la Guardia Civil tras dejar expedito el camino los mineros a la 1.25 horas. Una hora después, a las 2.21, se comunicó oficialmente la noticia. En medio, un coche de la Guardia Civil paró en la casa en la que se encontraba la familia de Julen, y las psicólogas se reunieron con los padres para anunciarles que su hijo pequeño (el mayor, Oliver, había fallecido en 2017 por un infarto repentino a los tres años) había muerto tras precipitarse en caída libre, según se supo después, por el pozo.

Primeros detalles

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Al día siguiente, más allá de las explicaciones del delegado del Gobierno y del informe de la autopsia, se empezaron a conocer algunos detalles de una operación que ha tenido a miles de personas en vilo durante 13 días. Un bombero que prefiere mantenerse en el anonimato dijo a este periódico que el tapón de tierra que obligó a hacer otro pozo se encontraba seco el domingo en que cayó Julen, cuando ellos llegaron allí una hora después. Y que ya el lunes empezó a estar cada vez más y más húmedo; eso les hizo pensar que allí había agua. Un agente de la Guardia Civil presente en todo momento en el rescate, por su parte, confirmó que desde el primer momento los bomberos y agentes desplazados al lugar tuvieron “muchísimas dudas” de que un niño pudiese entrar por un lugar tan pequeño. Luego entendieron que, por raro que fuese, sí entraba.

Sobre el tapón de tierra que supone una de las grandes incógnitas de la caída de Julen, y origen de todo tipo de teorías, desde el dispositivo de rescate se cree que, a falta de las conclusiones de la investigación judicial intensificada tras la aparición del cadáver, es bastante probable que lo causara el propio niño con el rozamiento en la caída. De hecho, ellos mismos al meter mangueras y herramientas fueron causando más desprendimientos al principio, ya que la tierra de las paredes laterales, al estar el pozo sin entubar, se caía con facilidad.

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Sobre la firma

Manuel Jabois

Es de Sanxenxo (Pontevedra) y aprendió el oficio de escribir en el periodismo local gracias a Diario de Pontevedra. Ha trabajado en El Mundo y Onda Cero. Colabora a diario en la Cadena Ser. Sus dos últimos libros son las novelas Malaherba (2019) y Miss Marte (2021). En EL PAÍS firma reportajes, crónicas, entrevistas y columnas.

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