Los manuscritos perdidos de Céline reaparecen 77 años después

El conjunto, más de un millar de documentos que el escritor abandonó en su casa de París en 1944 cuando huyó hacia la Alemania nazi, incluyen una novela inédita, entre otros materiales

Louis-Ferdinand Céline, retratado en Meudon con sus perros en 1955.
Louis-Ferdinand Céline, retratado en Meudon con sus perros en 1955.ROGER VIOLLET / GETTY IMAGES

Cuando el 17 de junio de 1944 Louis-Ferdinand Céline huía con salvoconducto alemán hacía el exilio que le llevaría primero a Alemania y posteriormente a Dinamarca, era muy consciente de que en su piso de la rue Girardon de París dejaba manuscritos, muebles y demás pertenencias. Su mujer, Lucette Destouches, apenas tuvo tiempo de retirar las últimas piezas de oro en el Crédit Lyonnais, mientras él confiaba algunos papeles a su secretaria. Se embarcaron en un tren que partía de la Gare de l’Est hacia Baden Baden.

El 25 de agosto se produjo la liberación de París y el general De Gaulle dictó su famoso discurso en el Hotel de Ville: “¡París ultrajado! ¡París roto! ¡París martirizado! ¡Pero París liberado!”. Los resistentes tuvieron por fin vía libre para ir a la caza de los colaboracionistas. Los famosos epurateurs (se conoce como Épuration légale a los juicios realizados en Francia después de la liberación contra todos aquellos que colaboraron con la ocupación alemana) entraron en acción. Fue en esos días cuando alguien irrumpió en el piso de la rue Girardon y se llevó las obras que había dejado el escritor en un armario, entre las que se encontraban novelas como Casse-Pipe o Muerte a crédito, y otros tantos centenares de páginas. 77 años después, ese conjunto literario de leyenda ha aparecido en París, en uno de los hallazgos literarios más interesantes de lo que llevamos de siglo.

Prueba de que jamás olvidó esos papeles es la cantidad de veces que el mismo Céline se encargó de repetirlo. En su obra De un castillo a otro, escribió: “No me han dejado nada, ni un pañuelo, ni una silla, ni un manuscrito”. En una carta de 1950 dirigida a su amigo Pierre Monnier anotó: “Hay que decir bien claro que si Casse-Pipe está incompleta es porque los ladrones han tirado todo el final, 600 páginas en los cubos de basura de la Avenue Junot”. Y, días antes de su muerte, en Rigodon, su último y póstumo libro, escribió: “Ya me han quitado bastante, ya me han desvalijado bastante, todo se lo han llevado, eh, quiero que me lo devuelvan”.

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Cuando se cumplen 60 años de la muerte del autor de Viaje al fin de la noche, voilà, aquí están los papeles devueltos. Entre ellos se encuentra el “desaparecido” y esperado manuscrito de Casse-Pipe, la novela inacabada que junto a Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito debía constituir una trilogía de la guerra.

El diario francés Le Monde ha revelado este descubrimiento siguiendo su rastro desde la Liberación hasta hoy, sacando a la luz el capítulo que faltaba de una de las biografías más intensas, controvertidas y estudiadas del siglo XX. El médico y escritor francés Louis Ferdinand Auguste Destouches (Courbevoive, 1894-Paris, 1961) es considerado uno de los autores literarios más influyentes del pasado siglo, dueño de un estilo transgresor, coloquial, auténtico y reconocible. No en vano es, tras Marcel Proust , el escritor más traducido y leído de la literatura francesa del siglo XX. Genio para unos por la revolución que supuso el empleo de un lenguaje y de un francés provocador, incisivo, nihilista y agresivo nunca leído hasta ese momento, y desleal y conspirador deleznable para otros, al reconocerse abiertamente antisemita y simpatizante de la causa nazi. Héroe de guerra para unos por su lucha como voluntario en la Primera Guerra Mundial, traidor colaboracionista para otros por sus repetidos panfletos contra los judíos durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Así pues, la eterna dicotomía entre su obra y sus ideas sigue dando que hablar gracias a este epílogo recibido con júbilo por los seguidores de su literatura, y que mantiene un final aún abierto que añade ingredientes a la leyenda negra, porque aún no se sabe quién fue el resistente / epurateur que entró en la casa de la rue Girardon, por más que el propio Céline dejara la puerta abierta a dos indicios: por un lado el corso Oscar Rosembly, a quien por lo visto Céline, por raro que pueda parecer, pues era judío, contrató para que le llevara las cuentas, suposición que corroboró el biógrafo Henri Godard en su edición de la Correspondencia de Céline para La Pléiade; y por otro, el resistente Yvon Morandat, que a partir de 1944 ocupó durante años el apartamento de Céline. El propio escritor, en una carta a su amigo Henri Pulain en 1947, así lo supuso: “El ocupante de la rue Girardon me ha tirado a la basura el manuscrito de mi novela Guignol y de otras tres novelas más que tenía en marcha, se llama Morandat y es amigo de De Gaulle”.

Lo que por ahora se sabe es que a principios de 2020 un hombre contactó con el conocido abogado especialista en derechos de autor Emmanuel Pierrat. Tenía algo que contarle. El que llamaba era Jean-Pierre Thibaudat, periodista especialista en teatro que trabajó durante años en el diario Libération. Thibaudat reveló a Pierrat que 15 años atrás un lector del periódico se había puesto en contacto con él con intención de enseñarle unos papeles. El misterioso hombre acudió a la cita con dos bolsas llenas de manuscritos originales de Céline. “Pierrot los traía dentro de dos maletas colosales, las más grandes que se puedan imaginar en el mercado ―recuerda Pierrat en una conversación telefónica con EL PAÍS―. Cuando las abrió, era evidente que lo que allí había no era falso, que no era una locura. ‘¿Qué quieres?’, le pregunté. Quería que todo fuera público, que acabara en una biblioteca o algo así. Que todo el material fuera publicado para que todos los lectores del mundo pudieran verlo. No quería ni fama, ni dinero. Solo que se publicara y cualquiera pudiera acceder a ello”.

El lector misterioso solo había puesto una condición para entregárselos al periodista: que no los hiciera públicos antes de la muerte de la mujer de Céline, Lucette Destouches, porque, siendo él de izquierdas, no quería “enriquecer” a la viuda del escritor antisemita. Lucette Destouches tardó en morir, de hecho falleció en otoño de 2019 a los 107 años, dando por fin vía libre a Thibaudat, que durante los 15 años que transcurrieron desde que los recibió hasta que pudo mostrarlos se había dedicado a transcribir páginas y a custodiar el secreto. ¿Quién fue el donante? Silencio. “Thibaudat ha jurado no contarlo”, asegura el abogado. ¿Pidió dinero a cambio? Ni un céntimo.

Pierrot y Thibaudat discutieron entonces sobre qué hacer con los manuscritos. “Pensamos: podemos publicarlo en un blog anónimo en Canadá, que salte todo el material y la gente lo coja de ahí. O podemos hacer las cosas bien y contactar a los herederos”, que son el abogado de 89 años François Gilbaut, autor de la biografía de referencia del autor y que desde los años sesenta hasta su muerte defendió a capa y espada a Lucette Destouches, y Véronique Chovin, de 69 años, la mejor amiga de la viuda, que fue durante años su profesora de danza. “Nos vimos con ellos y las discusiones no llegaron muy lejos. Ella quería todo el material de vuelta. Así que espontáneamente entregamos todo a la policía. Esperamos que ahora que la historia ya es pública, se vuelva tan importante que no les quede otra posibilidad que regalar todo a una biblioteca o institución pública, o en todo caso vender. Creo que tienen ese deber”, relata el abogado.

Thibaudat entregó el material a la OCBC, Oficina Central de la Lucha contra el Tráfico de Bienes Culturales, en Nanterre. No respondió a ninguna pregunta de los investigadores sobre el origen, pero aseguró que él nunca se había sentido propietario de los manuscritos, tan solo un depositario accidental, que su gran preocupación era que pudieran quemarse en un incendio y que su mayor placer había sido poder transcribirlos durante 15 años.

En la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) se verificó y certificó la autenticidad de los documentos y la autoría de Céline. El procurador de la República ordenó la devolución de los documentos a sus beneficiarios, de manera que Chovin y Gibault abandonaron las oficinas de la OCBS con dos grandes bolsas del Carrefour llenas de papeles, entre los que se encontraban 600 páginas de Casse-Pipe, una novela desconocida titulada Londres, 1.000 hojas pequeñas de Muerte a crédito y decenas de otros documentos. Pierrot calcula que puede haber cuatro libros nuevos. “Para publicar el material de cero, los especialistas que hemos consultado hablan de al menos cuatro o cinco años. Pero partiendo de la base del trabajo que ya hizo Thibaudat, se podría imaginar la próxima primavera”, opina el abogado.

Al parecer, los beneficiarios pretenden donar Muerte a crédito a la BNF para poder sufragar así los gastos de sucesión. El manuscrito se encontraría así con el de Viaje al fin de la noche, que el Estado compró en una subasta en 2001 por más de 1,8 millones de euros.

60 años después de su muerte, el antisemita Céline, que fue declarado “desgracia nacional” en Francia en 1950, condenado a un año de cárcel y amnistiado después, que acabó su vida en las afueras de París en guerra con el mundo, desde el fondo de la tumba del cementerio de Longs Réages en la localidad de Meudon, el “admirable monstruo” —como lo llamó el ensayista e historiador de arte Élie Faure—, con su inconfundible pose de clochard, asiste al penúltimo giro de una trama que no acaba.

Con información de Tommaso Koch.

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