Misión (casi) imposible: sacar de la sombra a Georges Simenon

Acantilado y Anagrama se unen para dar continuidad a la publicación de las obras del escritor belga. Autor excesivo, considerado uno de los grandes novelistas del siglo XX, nunca ha encontrado, sin embargo, un público amplio en español

Georges Simenon, con su mítica pipa junto a los canales navegables de Milán, en los años cincuenta.
Georges Simenon, con su mítica pipa junto a los canales navegables de Milán, en los años cincuenta.Emilio Ronchini (GETTY)

Hay una anomalía en la literatura en español llamada Georges Simenon. Autor al que el adjetivo de prolífico se le queda corto, narrador inagotable, traducido, imitado y adaptado hasta la saciedad, en España y América Latina no encuentra la comunidad de lectores que expertos y editores creen que merece. La pasión por una obra inabarcable, dos editoriales con poder prescriptor, la amistad entre dos editoras y, por qué no decirlo, la necesidad, se han unido para darle una nueva oportunidad al padre del comisario Jules Maigret. A finales de octubre, Acantilado y Anagrama publicarán el primer fruto de su proyecto conjunto para sacar de la sombra al que Andrè Gide consideraba “el novelista más grande y más auténtico”. Y lo harán, como ha podido saber este diario, con una nueva traducción de tres novelas —Tres habitaciones en Manhattan (1946), El fondo de la botella (1949) y Maigret duda (1968)— que reflejan la capacidad poliédrica del autor belga, un creador inclasificable, destructor de etiquetas, casi inabordable.

Dice su principal biógrafo, Pierre Assouline, que asomarse a la vida de Simenon (Lieja, Bélgica, 1903– Lausana, Suiza, 1989) es una misión peligrosa. Por lo visto hasta ahora, editarlo también. Autor de 191 novelas, 75 de ellas protagonizadas por Maigret, y un número indeterminado de relatos entre 1931 y 1972 —año en el que decide retirarse y dedicarse, en esencia, a dictar apuntes biográficos—, Simenon trabajaba en el periodismo desde los 16 años y antes de los 27 ya había triunfado con más de 1.000 historias de aventuras y otros géneros firmadas como George Sims, Jean Du Perry y al menos otros 15 pseudónimos más. Una bestia literaria.

Este proyecto que se inició hace dos años es hijo de otros anteriores que quedaron por el camino. Tusquets lo intentó en los noventa y publicó más de medio centenar de libros entre lo que se ha llamado roman dur y novelas protagonizadas por Maigret. El editor Jaume Vallcorba cogió el testigo en Acantilado e intentó desde 2012 aplicar al belga la magia que le había funcionado con Stefan Zweig y otros éxitos. El resultado fue una edición exquisita, títulos bien elegidos pero pocos lectores. El tiempo se acababa y la editorial buscaba una solución. “Por desaliento no ha sido en ningún caso. Cuando adquirimos los derechos hicimos un contrato por toda la obra, que es ingente. El tiempo de derechos de explotación es breve si tenemos en cuenta el volumen de la obra contratada”, explicaba por teléfono el pasado martes Sandra Ollo, editora y directora de Acantilado. John Simenon, Johnny, hijo de Georges y propietario de los derechos, quería repetir en España el enorme éxito que ha tenido en Italia de la mano de la editorial Adelphi, propiedad del grupo Feltrinelli, dueños también de Anagrama, que entra así en escena.

Ilustraciones realizadas por Maria Picassó de las portadas de la edición conjunta de Acantilado y Anagrama de 'El fondo de la botella',  'Maigret duda' y 'Tres habitaciones en Manhattan'.
Ilustraciones realizadas por Maria Picassó de las portadas de la edición conjunta de Acantilado y Anagrama de 'El fondo de la botella', 'Maigret duda' y 'Tres habitaciones en Manhattan'.

“Lo que sí queríamos dejar claro a Johnny es que nosotros no teníamos ningún interés en que todo el trabajo de Acantilado hasta ahora fuera baldío”, comentaba por teléfono el jueves Silvia Sesé, editora de Anagrama. “No nos interesaba para nada empezar de cero. Ellos tienen toda la experiencia en el estilo del texto, en el tono. Prefería no competir con algo que estaba muy bien hecho y unir esfuerzos, que era más rentable y divertido”. La editorial fundada por Jorge Herralde provee a la asociación, además, de una distribución más sostenida en América, territorio en el que tampoco ha triunfado Simenon. “Anagrama aporta un amplio nicho de lectores que no ha llegado a Simenon a través de nosotros”, reconoce Ollo.

Con el estilo que dan las traducciones de Núria Petit, Carlos Pujol o Caridad Martínez — del que se puede disfrutar en obras como Los vecinos de enfrente, El muerto de Maigret o La noche de la encrucijada, parte de la cuidada selección publicada por Acantilado en los últimos años—, la calidad literaria del proyecto estaba garantizada. “Teníamos la sensación de que habíamos topado con un techo de lectores que nos estaba siendo muy difícil de franquear. Aportamos todo el conocimiento de la obra de Simenon. Hemos logrado una voz, una traducción. Desde el punto de vista intelectual le habíamos dado la finura literaria que se merece”, comenta Ollo. Faltaba, coinciden las dos partes, darle una imagen “diferente, más fresca” y de ahí los diseños de las portadas a cargo del estudio Duró, con ilustraciones de Maria Picassó, más coloridas, que huyen de los arquetipos de la novela negra.

Una vida inescrutable

El negocio editorial, tan presente hoy, fue un aspecto esencial para Simenon, que revolucionó la relación de los escritores con el dinero. En 1945, cuando abandonó al mítico editor Gaston Gallimard para irse con el poco conocido Sven Nilsen y publicar en Press de la Cité toda su obra a partir de ese momento, provocó un terremoto en el sector solo equiparable al generado poco después con las batallas legales para disputar sus derechos a los editores estadounidenses.

Simenon, trabajando en el castillo de Terre-Neuve, en Fontenay-le-Comte, Francia. El belga era muy metódico en su organización de cada jornada de escritura.
Simenon, trabajando en el castillo de Terre-Neuve, en Fontenay-le-Comte, Francia. El belga era muy metódico en su organización de cada jornada de escritura.Gaston Paris (Roger Viollet via Getty Images)

Pero el económico es solo un aspecto de un plan urdido al milímetro. Hombre público y excesivo, encierra en sí una paradoja: realmente sabemos muy poco de él. Su vida es una constante exhibición llena de sombras, un periplo que es su mejor creación literaria y que se confunde con su obra. No es recomendable buscar, ni siquiera en las novelas que parecen más personales, los rastros perdidos de esta vida excesiva en todo. “Mi relación con la obra de mi padre no es complicada, pero sí paradójica. Cuando empecé a leerlo sentía cierto malestar con algunos elementos que no eran biográficos, pero que yo reconocía. Son características de los personajes porque las historias nunca eran biográficas, pero estaban ahí”, reconocía su hijo a este diario en 2019. Millonario, famoso, mujeriego, en sus análisis de la miseria del alma humana se excluyen sus divorcios, la muerte de su hija o el colaboracionismo de su hermano. Habrían quedado demasiado melodramáticos, coinciden sus biógrafos.

Algo de todo esto se puede ver en las obras elegidas para iniciar esta aventura conjunta. Tres habitaciones en Manhattan (1946, traducción de Núria Petit) es una historia de amour fou, una novela nocturna sobre la insatisfacción y la fuerza del deseo ambientada en una ciudad a la que llevaría un año más tarde a su comisario en Maigret en Nueva York. Quien se acerque a ella descubrirá a un autor que es a la vez muchos autores, porque hay muchos Simenones bajo el mismo envoltorio físico, el mismo gesto elegante con la pipa, la misma firma repetida en casi 200 novelas.

El fondo de la botella (1949, traducción de Caridad Martínez) es el primer roman dur de su etapa americana, escrita en Arizona un año después de haber publicado en pocos meses La nieve estaba sucia, Pedigrí y El muerto de Maigret, tres libros que justifican por sí solos una carrera literaria. Simenon retrata aquí las vicisitudes de un honrado abogado de clase media que recibe la visita de su hermano prófugo. El ritmo de la novela, nunca frenético en Simenon, se combina con una compleja construcción de personajes que sustentan la narración. También hay algo negro, porque el crimen, como la soledad, el deseo frustrado, el resentimiento o el peso del silencio se filtran por las grietas imperceptibles de su torrencial literatura.

El incombustible Maigret

No podía faltar en cualquier apuesta por la obra de Simenon una de Maigret. En este caso Maigret duda (1968, traducido también por Caridad Martínez). Llama tanto la atención que sea la 67ª entrega de la serie (sin olvidar que hay otras 28 novelas breves o nouvelles) como que, donde otros se agotan en las primeras aventuras, Simenon muestre signos de una vitalidad infinita. La novela la disfruta igual un neófito que un fiel de la iglesia simenoniana. El orden cronológico no es esencial aquí.

El actor Rowan Atkinson como Maigret en la serie sobre el famoso personaje.
El actor Rowan Atkinson como Maigret en la serie sobre el famoso personaje.

De movimientos lentos, amante de la cerveza y el licor de ciruelas, de estar en casa con su mujer, la alsaciana Louise, y de pasear hasta la comisaría de Quai des Orfèvres, Jules Maigret no es un genio deductivo, no es especialmente inteligente aunque sí paciente, no destaca en nada. Sabe, además, que su desempeño es inútil, pero su mirada nos regala una indagación en el alma de sus personajes, en sus motivaciones últimas, que muchos han querido y muy pocos han podido emular después. “El análisis de la condición humana en su bajeza y en lo extraordinario la hace con dos pinceladas. No necesita más. Y eso es lo que cautiva. Te coge y no te suelta”, reflexiona Ollo cuando habla de este “bombón”, una excelente manera de acercarse a Simenon y superar prejuicios. “Hemos conseguido sacarlo de un estante mental que tiende a mirar con un poco de recelo o juzgar de menos literario aquello que tiene que ver con la novela policiaca. Simenon está muy por encima de la media de muchos de estos autores para los que es una inspiración y un impulso”.

Hemos conseguido sacarlo de un estante mental que tiende a mirar con un poco de recelo o juzgar de menos literario aquello que tiene que ver con la novela policiaca
Sandra Ollo, directora de Acantilado

Las cifras en torno a Simenon abruman. Según la Unesco, está siempre entre los 20 autores más traducidos del mundo, el primero en francés entre los escritores del siglo XX y el tercero en toda la historia solo por detrás de Verne y Dumas. Hay más de 70 adaptaciones al cine de historias escritas por el belga. Bruno Cremer, Jean Gabin o ahora Rowan Atkinson se han puesto en la piel de Maigret en la pantalla con notable éxito. ¿Por qué no termina de arraigar en español? “No lo sé, no tengo ni idea. Es muy difícil saberlo”, respondió Sesé entre risas. “Es un autor muy prolífico que tiene una obra a la que siempre vas, en la que encuentras lecturas de todo tipo. Posee una marca enorme, pero no creo que sea tan leído en todos los países. Yo creo que donde ha triunfado de manera espectacular es en Italia, en el resto es un autor leído pero no de forma masiva. Pero es conocido, eso sí”.

En España, ni eso, o no tanto. De ahí que Acantilado y Anagrama se hayan unido en esta misión casi imposible. Tras la edición y publicación conjunta de los tres primeros tomos, llegarán otros cinco en 2022. “El plan es que si las ocho [obras] realmente llegan y conseguimos que se disfruten y se vean, iremos a por más”, resume Ollo. Es probable que no sea la última oportunidad para Simenon en español, pero, sea cual sea el resultado, el envite suena bastante definitivo.

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Sobre la firma

Juan Carlos Galindo

Es responsable de la sección de Pantallas y, además, escribe sobre libros en Cultura y Babelia y coordina el blog de novela negra Elemental. Lleva en EL PAÍS desde 2008 y antes estuvo en 20 minutos, entre otros medios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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