Cuarentena adolescente: “Por ahora lo llevo bien. No echo de menos a nadie”

El coronavirus ha creado un mundo en el que la tecnología es clave para romper el aislamiento. Los adolescentes llevaban tiempo viviendo en él

Cristina Barranco, de 14 años, confinada en casa de sus padres en Valencia, mira el móvil en su habitación.
Cristina Barranco, de 14 años, confinada en casa de sus padres en Valencia, mira el móvil en su habitación.Mònica Torres

Cuando la descomunal ola del coronavirus empujó a los ciudadanos a las pantallas para escapar del aislamiento, los adolescentes ya estaban allí. “Por ahora lo llevo bien, porque no echo de menos a nadie. Gracias al móvil puedo comunicarme fácilmente con 50 personas al día”, dice Cristina Barranco, de 14 años, que vive en Valencia y ha enseñado estos días a sus padres a usar una aplicación de videollamadas que ahora utilizan para hablar con sus amigos. “Si esto llega a pasar hace 40 años habríamos estado todo el día peleando para ver quién cogía el teléfono fijo. Ahora puedo estar wasapeando con tres personas a la vez mientras hago una videollamada con seis”, añade Adele Fernández Montes, que tiene 15 y vive en una urbanización del área metropolitana de Valencia.

“Para los adolescentes tiene una importancia brutal saber que, aunque están en su habitación, su mundo sigue. La dimensión virtual adquiere para ellos un realismo enorme”, afirma el psicólogo catalán Jaume Funes. “La cuarentena va a ser menos traumática para ellos que para otros grupos de población, porque ya tenían gran parte de su vida social y de ocio en las pantallas", añade el bilbaíno Jorge Flores, director de la Fundación Pantallas Amigas. "No van a sufrir tanto como los pequeños, que necesitan más esparcimiento físico, o los mayores, que tienen otros hábitos. Sus opciones de entretenimiento, a través por ejemplo de los videojuegos, son ingentes, y las relaciones las siguen teniendo”, concluye este especialista en informática.

La tecnología y especialmente los móviles —a los 12 años el 64% dispone de uno; a los 14, el 93%, según el Instituto Nacional de Estadística— se ha convertido en un elemento imprescindible de socialización en un momento vital en que el grupo tiene una relevancia crítica. “Aquellos que, por razones económicas o porque sus padres no han querido que tuvieran móvil, carecen de acceso a las nuevas tecnologías se están quedando apartados, lo están notando y lo notarán cuando vuelvan a la vida normal. En estos casos debería dárseles una vía de acceso, por ejemplo a través de un móvil familiar”, afirma Maite Martín, psicóloga barcelonesa especializada en niños y jóvenes.

Como para toda la población, el encierro está siendo muy diferente para los chavales según el tipo de hogar, lo que a su vez está vinculado al nivel de renta. Salvadas las grandes desigualdades, los expertos señalan elementos comunes a su edad. Uno relevante es contar con un espacio propio. “El adolescente que tiene su habitación y puede estar un poco en su mundo lo tiene mucho más fácil que quien tiene que compartir continuamente. Si duerme con un hermano, estaría bien que pactara unos momentos para tenerla para sí mismo”, afirma Martín. “Llega un momento que necesito subir a mi cuarto: a ver una serie, a hacer los deberes, a estar un rato sola... Hacer una videollamada con mis amigas teniendo a mis padres o a mi hermana detrás o con la tele puesta sería un agobio”, explica Adele.

Responsabilidad

Para los adolescentes, que por definición se dedican a oponerse y necesitan la confrontación, y para sus padres pasar el día entero juntos puede ser una auténtica prueba, afirma Funes, que recomienda que unos y otros seleccionen “sobre qué vale la pena pelear”. Y, aunque la nueva realidad ha conducido en muchos casos a un mayor control familiar sobre los chicos, incluido cuánto estudian, Martín resalta que en otros casos, debido a que las escuelas están cerradas y los padres tienen que trabajar, los adolescentes están teniendo que asumir grandes responsabilidades, como el cuidado de hermanos pequeños.

Daniel Parra, madrileño, de 17 años, cuyos padres son sanitarios y se han visto obligados a recluirse en sendas habitaciones de la casa al contagiarse de la Covid-19, ha tenido que asumir con su hermano menor las tareas del hogar: bajar a hacer la compra, cocinar, limpiar la casa, tender la ropa. “Está haciendo que me vuelva consciente de todo lo que ellos suelen hacer”, dice. Ante la falta de wifi, Kiko Romero, alumno de segundo de bachillerato en Madrid se está buscando la vida para seguir la recta final del curso a través del móvil; a su favor, en este trance, juega que es un lector empedernido.

Por lo que le han traslado algunos docentes, el aumento de la “convivencia online” está incrementando el acoso a través de las redes sociales, señala Jorge Flores. “Los encuentros sexuales a través de las pantallas posiblemente también estén aumentando, y en ese sentido hay que advertir que la producción de imágenes íntimas en soporte digital supone un riesgo”, agrega.

Violencia

Flores da por hecho que el confinamiento está incentivando el uso de videojuegos. “Puede ser preocupante en el caso de adolescentes con problemas previos, a los que no se pongan límites si esto se alarga en el tiempo, porque puede generarse un trastorno de dependencia”, afirma el presidente de Pantallas Amigas. Para la mayoría representa a estas horas, en cambio, una válvula de escape y con frecuencia también una vía de socialización. “Nos conectamos varios amigos en un grupo de chats de audio y con un micrófono hablamos mientras jugamos al Fortnite, al GTA, al Fifa, y así pasamos el rato”, resume Nayra Gorris, que estudia tercero de la ESO.

Los adolescentes que mantienen relaciones muy difíciles con los padres, sufren situaciones de violencia o tienen problemas emocionales que no están pudiendo abordar con amigos o especialistas por falta de privacidad, “lo están pasando muy mal, y para ellos esta etapa tendrá consecuencias”, advierte Martín. “Cuando el coronavirus pase, los adultos buscaremos una compensación, sea en el alcohol, en el diazepam o en otras cosas. Los adolescentes también tendrán que gestionarlo, y una parte del reto educativo tendrá que ver con esto, cierra Funes.

Nayra Gorris, en su casa de Benaguasil, Valencia.
Nayra Gorris, en su casa de Benaguasil, Valencia.

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Sobre la firma

Ignacio Zafra

Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.

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