“Nos lo esperábamos pero nos da pánico que se haga mal”

Los canarios de La Graciosa, El Hierro y La Gomera reciben la noticia de la desescalada asimétrica con ansias de reactivar sus negocios y temor al contagio

Un trabajador desinfecta las veredas de La Graciosa, el pasado 30 de marzo. En vídeo, la isla libre de Covid-19.Foto: ATLAS | Vídeo: ALICIA PÁEZ

Demelsa Morales, de 34 años, recibió la noticia del desconfinamiento por etapas asimétricas del Gobierno pegada al televisor y con mucho miedo. Esta madre de dos niñas de 6 y 14 años es una de los más de 700 vecinos de la isla de La Graciosa, que junto con El Hierro y La Gomera iniciará un proceso de desescalada más acelerado que en el resto del territorio español, dada la baja o nula incidencia del coronavirus. El 4 de mayo entran en la fase 1 del desconfinamiento, al igual que la isla de Formentera en Baleares. “No entiendo a qué vienen las carreras ahora, aquí hay muchos mayores”, explica Morales. A pesar de querer volver a reabrir su negocio de alquiler de bicicletas, teme que “se meta la pata”: “Donde se contagie uno, caemos todos”. Aunque Miguel Páez, animador sociocultural, es algo más optimista, siente el peso de la responsabilidad. “Nos lo esperábamos pero nos da pánico que se haga mal”. Para ambos la preocupación está puesta en el puerto, el único punto que une este pequeño paraíso covid-free con Lanzarote.

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Dos de los pasajeros habituales del ferri que conecta ambos puertos son los farmacéuticos que van y vienen desde la matriz al boticario localizado en esta pequeña localidad, que no ha registrado ni un solo contagio durante el encierro. Isabel Martín, dueña de ambos negocios, asegura que sus trabajadores se han sentido seguros y que iban “casi solos”. Mantener las restricciones en los traslados (que han pasado de diez a dos diarios) es un requisito “indispensable” de Oswaldo Betancort, alcalde de Teguise –municipio del que depende La Graciosa– para una vuelta a la normalidad más rápida en las islas. El edil comenta que ya están considerando futuras medidas de control. “Bajo ningún concepto deberíamos permitir tener error alguno en esta materia. Nos va la vida en ello”, añade.

En La Restinga (El Hierro), Joseba Landaeta, 23 años, ya sueña con volver a bucear. Junto con tres familiares, lleva un centro de inmersiones que “cree que pueda volver a arrancar” en las próximas fases de la desescalada. “Tenemos muchos clientes que viven aquí y tienen ganas de volver al mar”, explica emocionado. Hasta ahora, como tantos otros canarios, han tenido que “tirar de ahorros".

Hace justamente un año, la ocupación de los Apartamentos Los Telares (La Gomera) rondaba el 80%. Durante el mes de abril, a pesar de ser uno de los hoteles de servicio esencial en la isla, han perdido más de la mitad del volumen de negocio. “Claro que queremos abrir”, exclama Ana Trujillo, encargada de ventas de este complejo de 24 apartamentos. “Pero solo tenemos incertidumbre: ¿Cuál será el aforo de las piscinas? ¿Y los procedimientos en la recepción?, ¿Cuándo empezarán a venir los turistas?”, se cuestiona. En un archipiélago que depende en gran medida del turismo, las últimas noticias del Gobierno se traducen en ganas de volver al trabajo, dudas y miedo.

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