Cuba empieza a controlar la epidemia con las colas convertidas en una preocupación nacional

El Gobierno de la isla considera que su manejo del coronavirus ha dado resultado, y ahora se enfrenta a las aglomeraciones de ciudadanos que buscan artículos de primera necesidad

Un hombre toca la trompeta frente a una fila de personas que esperan comprar víveres en La Habana.Foto: FOTO/VIDEO: REUTERS

Cuba lleva siete días consecutivos sin registrar muertos por coronavirus. Y la cifra de contagios también ha decrecido en la última semana (el martes se confirmaron 13 casos, el lunes, 6 y el domingo, 9, lejos del promedio de 50 casos diarios que llegaron a contabilizarse el mes pasado). Según estos datos oficiales, parece que la epidemia empieza a estar bajo control en la isla, donde se reportan 1.900 enfermos y 79 fallecidos desde el 11 de marzo, cuando se detectó el primer caso. Así lo cree el Gobierno, que considera que las acciones que ha tomado están dando resultados, aunque, advierte, para evitar un cambio de tendencia mantendrá todas las medidas de distanciamiento social adoptadas, incluido el cierre de las fronteras al turismo hasta al menos el 30 de junio. No habrá una vuelta a la normalidad “desbocada”, ha dicho el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. El desafío ahora está en las grandes colas que se forman en las tiendas debido al desabastecimiento de víveres y artículos de primera necesidad, algo que no tiene perspectivas de solución pues el país atraviesa una grave crisis que, previsiblemente, irá a peor.

La estrategia de las autoridades para enfrentar la covid-19 ha combinado acciones enérgicas como el cierre de fronteras (desde el 2 de abril), la supresión de todo el transporte público en ciudades, pueblos y entre provincias, la clausura de bares, restaurantes y centros nocturnos, o el incremento de la acción policial en las calles para evitar violaciones de las disposiciones, con una batería de medidas sanitarias preventivas –cuyo núcleo duro son las pesquisas masivas, casa por casa, para detectar enfermos–, además de apelar al autocontrol y a la conciencia de la gente para que se confine en casa y salga solamente a lo estrictamente necesario. Así ha evitado decretarse una cuarentena nacional, algo difícil de ejecutar dadas las condiciones de Cuba, donde debido a la escasez crónica y al racionamiento la gente ha de salir casi a diario a la calle a abastecerse.

Desde el punto de vista médico y sanitario, Cuba tiene unos recursos –aunque mermados debido a la crisis– que son envidiados por otros países del área y que le han permitido enfrentar con eficacia el primer golpe de la epidemia. Con 11 millones de habitantes, la isla cuenta con 95.000 médicos (9 de cada 1.000 cubanos), de ellos 1.800 especialistas en Terapia Intensiva y 1.200 epidemiólogos, además de 85.000 enfermeros y 58.000 técnicos. Cerca de 150 hospitales y 450 policlínicas forman parte de la red sanitaria, si bien la mayor fortaleza de Cuba en esta crisis es su amplio y engrasado servicio de atención primaria, un músculo que, unido a su conocida capacidad de control social, permite llegar prácticamente a cada hogar en busca de posibles enfermos.

Cerca de 25.000 estudiantes de medicina han sido puestos en función de este objetivo y se han evaluado a millones de personas en sus casas. Esta pesquisa activa y masiva, y el seguimiento sistemático de cada cadena de infección, es el pilar en el enfrentamiento a la epidemia, igual que la realización de pruebas diagnósticas PCR no solo a sospechosos de poseer la enfermedad, sino tomadas de modo aleatorio entre la población para detectar contagios. Hasta el momento en la isla se han procesado un total de 87.000 muestras.

Según Díaz-Canel, el enfrentamiento epidemiológico a la covid-19 está funcionando, y prueba de ello son los buenos resultados mostrados en los últimos quince días, con más pacientes dados de alta que casos positivos confirmados. Esto permitirá una eventual apertura de las fronteras, aunque, dijo, en un clima que no será igual al vivido previo a la pandemia. “El país no se puede desbocar ahora (…) debe ir transitando a una normalidad que no va a ser tan normal como antes, porque hay cosas que nosotros tenemos que mantener como reglas de vida para el futuro, y otras que debemos concebir de manera diferente”.

La cuestión hoy es mantener las medidas de aislamiento para que no haya retrocesos. Hasta ahora, cuando se han detectado brotes de covid-19 en comunidades, pequeñas poblaciones o en barrios de La Habana y otras ciudades, lo que se ha hecho ha sido endurecer las medidas de aislamiento en esos lugares e incrementar la vigilancia epidemiológica hasta contener el foco.

Se ha evitado adoptar medidas extremas como la implantación de una cuarentena obligatoria de alcance nacional, y la razón es sencilla: en muchos hogares de Cuba se vive al día y, por la escasez galopante, es prácticamente imposible conseguir suficientes suministros para tener autonomía y aguantar encerrado en casa. Los productos que sacan en las tiendas son pocos y se venden “normados” –una pequeña cantidad por persona–, y esto provoca grandes aglomeraciones. Comprar un pollo, dos botes de detergente o un kilo de harina puede ser una odisea, y guardar la distancia social después de muchas horas de espera no es algo sencillo, hasta el extremo que han sido creadas brigadas de “organizadores de colas” para mantener la disciplina.

Las autoridades admiten que, con la economía en hibernación, el turismo parado y el recrudecimiento del embargo estadounidense, las importaciones disminuirán y el desabastecimiento podría aumentar. Evitar las colas, o minimizarlas, para que no se conviertan en peligrosos focos de contagio, es hoy un asunto de prioridad nacional.

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