Publicar las noticias. Resistir las presiones

El ‘Libro de estilo’ de EL PAÍS es una garantía para producir información veraz y relevante. La nueva edición, que pretende reafirmar los principios bajo los que se fundó el diario, entra este domingo en vigor

La redacción de EL PAÍS, vacía durante los meses de pandemia.
La redacción de EL PAÍS, vacía durante los meses de pandemia.Carlos Rosillo

El Libro de estilo de EL PAÍS es un contrato ético con los lectores, así como con la sociedad a la que se dirige. En este caso, con las sociedades —en plural— a las que se dirige, puesto que una parte importante y creciente de los usuarios del periódico reside en el continente americano. Conforma, junto con el Estatuto de la Redacción y el Defensor del Lector, un sistema de garantías que nos permite producir información veraz, relevante e independiente, en tanto en cuanto esta no se ve condicionada por presión externa alguna.

Cada nueva edición del Libro de estilo supone a la vez un esfuerzo, un modesto triunfo y un motivo de satisfacción deontológica. A esta, la vigesimotercera, han contribuido de forma intensa decenas de profesionales, numerosos periodistas de la Redacción de EL PAÍS que han enviado sus sugerencias, defendido con tesón sus propuestas y, en general, discutido hasta la extenuación con el equipo encargado del cambio, liderado como siempre de forma extraordinaria por Álex Grijelmo. El objetivo era simple: transcurridos seis años de la anterior edición, se nos hacía imprescindible actualizar numerosos preceptos para, de forma paradójica quizá, reafirmar y adecuar a nuestro tiempo los compromisos fundacionales del periódico: modernización de la sociedad, defensa de un avance económico con progreso social, así como de los derechos ciudadanos y el respeto a las minorías. El Libro de estilo constituye también la mejor herramienta para paliar la falibilidad de los periodistas, que es la del ser humano en general.

Un periódico es, en esencia, aquello que publica —y también aquello que no publica—, y resulta notable que las presiones que inevitablemente se producen sean igual de frecuentes y perniciosas en un sentido que en el otro. Publicar todas las noticias, resistir todas las presiones, es pues, más que un lema, una brújula moral que, junto al rigor, la profesionalidad, la honestidad y la independencia de los periodistas —independencia también de sus propias opiniones y prejuicios— permite construir un buen periódico, contribuir por extensión a la libertad de información y de pensamiento, así como controlar al poder y a los poderosos, tareas todas que cimientan las sociedades democráticas avanzadas.

Pese a la mudanza de los tiempos, esos instrumentos del buen oficio no han cambiado en lo fundamental. Desde que en agosto de 1896 un editor en Nueva York prometiera a los lectores del periódico que acababa de comprar “ofrecer las noticias de forma imparcial, sin miedo ni favoritismos, independientemente de cualquier partido, secta o intereses implicados”, este lema se ha convertido en el motor, declarado o no, de los mejores. Sobre estas bases se habrá de construir el futuro, las próximas décadas en las que EL PAÍS pueda producir un periodismo vibrante, que esencialmente sirva a la sociedad, independientemente de cualquier grupo de presión.

Este es mi segundo desempeño como director de EL PAÍS. En 2006, al comienzo del primero, escribí, recordando las palabras anteriores, que todo director necesita renovar ese contrato con sus lectores. Publicar todas las noticias, resistir todas las presiones. Es este un compromiso inquebrantable con sus lectores que el periódico ha ido renovando a lo largo de su vida, desde 1976, en aquellas ocasiones en que las circunstancias lo han requerido. Lo hice con la Redacción tras mi nombramiento en junio de 2020. Y quisiera con este artículo, que celebra la nueva edición del Libro de estilo —en sí un compromiso fundamental y público— hacerlo con todos los lectores de EL PAÍS a ambos lados del Atlántico.

El periódico es independiente: no nos vamos a dejar intimidar. Pueden estar seguros los lectores de que, pese a lo incierto de los tiempos que vivimos —los desafíos a la democracia, los riesgos de inestabilidad económica, social y política, así como los ciertamente incansables intentos de control por parte del poder, gobiernos, partidos políticos, empresas, individuos, sindicatos, corporaciones y colectivos de todo tipo—, en la solidez de ese pacto no les fallaremos.

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