El Parlamento alemán refuerza el poder de Merkel para imponer restricciones uniformes en todo el país

Más de 8.000 negacionistas protestan cerca del Bundestag contra una ley que consideran “antidemocrática”

La policía se lleva detenido a un manifestante en la protesta de este miércoles en Berlín contra las nuevas restricciones que ha aprobado el Parlamento alemán.
La policía se lleva detenido a un manifestante en la protesta de este miércoles en Berlín contra las nuevas restricciones que ha aprobado el Parlamento alemán.FILIP SINGER (EFE)

La canciller alemana, Angela Merkel, quería imponer medidas comunes para luchar contra el coronavirus en toda Alemania, y está a un paso de conseguirlo. El Bundestag aprobó este miércoles una reforma de la Ley de Protección de Infecciones que aumenta el poder del Gobierno federal para aplicar restricciones uniformes en todos los Estados. El texto incluye medidas controvertidas, como el toque de queda nocturno, que hasta ahora no se había aplicado en Alemania. A partir de una incidencia semanal de 100 casos por 100.000 habitantes, también será obligatorio hacer dos test de antígenos a la semana en las escuelas y se limitarán los contactos sociales.

El Parlamento aprobó la reforma con los votos de los partidos que forman la gran coalición que gobierna Alemania, conservadores y socialdemócratas, que tienen mayoría. Los Verdes se abstuvieron porque creen que las medidas se quedan cortas, y la formación ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) votó en contra y acusó al Gobierno de recortar las libertades individuales y de aprobar una ley antidemocrática. Cerca del Bundestag se concentraron más de 8.000 personas para manifestarse en contra de la reforma. La Policía, que había desplegado a más de 2.200 agentes, tuvo que disolver la concentración, practicó más de 150 detenciones y usó gas pimienta contra algunos manifestantes.

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La reforma de la ley aún tiene que pasar por el Bundesrat, la Cámara de representación territorial. Lo hará probablemente el jueves. Las nuevas normas, conocidas como freno de emergencia porque implican dar marcha atrás a la desescalada cuando se dispara la incidencia, podrían entrar en vigor el próximo sábado. El Ejecutivo de Merkel podría encontrarse con más dificultades en el Bundesrat, ya que alguno de los 16 Estados federados no ve con buenos ojos que el Gobierno federal invada sus competencias en sanidad y educación. Es especialmente problemático el toque de queda, sobre todo para los Estados del este de Alemania, la antigua RDA. El ministro del Interior de Turingia, el socialdemócrata Georg Maier, por ejemplo, se ha opuesto a la medida.

El Ejecutivo de Angela Merkel considera que el freno de emergencia es imprescindible para luchar contra la tercera ola de la pandemia, que aún no ha llegado a su pico. Alemania se acerca a los 3,2 millones de contagios (menos que los 3.,4 de España con casi el doble de población), según datos del Instituto Robert Koch, competente en la materia. Este miércoles se registraron casi 25.000 casos nuevos y 331 fallecidos. Desde el inicio de la pandemia han muerto 80.634 personas con coronavirus. La incidencia acumulada, que en Alemania se calcula a siete días, es de 160 casos por 100.000 habitantes (España está en 107). Lleva unos días estancada después de haber subido desde el mes de marzo. A mediados de febrero la incidencia rondaba los 65. Las sociedades médicas de cuidados intensivos han alertado de que las UCI de los hospitales están cada vez más llenas y sometidas a demasiada presión.

Situación “muy grave”

“La situación es grave, muy grave”, dijo el ministro de Sanidad, Jens Spahn, durante el debate parlamentario. “Si podemos evitar el sufrimiento, debemos hacerlo”, añadió tras dar el dato de que hay más de 5.000 pacientes ingresados en unas UCI muy tensionadas. Spahn aseguró que la vacunación avanza a buen ritmo y que en pocas semanas uno de cada tres alemanes habrá recibido una primera dosis. Pero dijo no entender por qué hay quien defiende que se llenen las UCI antes de tomar medidas. “La vacunación y las pruebas por sí solas no son suficientes para romper la tercera ola”, aseguró. Alemania está vacunando a medio millón de personas diario. El 20,8% de la población ha recibido al menos una dosis de inmunización.

El ministro de Sanidad, Jens Spahn, habla cerca de la canciller Angela Merkel este miércoles en el Parlamento.
El ministro de Sanidad, Jens Spahn, habla cerca de la canciller Angela Merkel este miércoles en el Parlamento. CLEMENS BILAN (EFE)

En la calle, manifestantes llegados de toda Alemania trataban de acercarse a la zona del Bundestag para protestar por la reforma de la ley. Algunos llevaban pancartas en las que se leía “Libertad” y “No a la dictadura”. Entre los congregados, más de 8.000 según cálculos de la Policía, había negacionistas de la pandemia, ultraderechistas, creyentes en teorías conspirativas y también ciudadanos que simplemente están descontentos con la gestión de la pandemia que está haciendo el Gobierno de Angela Merkel.

“Hemos venido a defender nuestra libertad”, decían Michaela y Hans, él jubilado y ella esteticista. Cuando hablaron con EL PAÍS, acababan de llegar a Berlín después de conducir cuatro horas desde Hannover y caminaban por la avenida del 17 de Junio hacia la puerta de Brandenburgo. “No votamos a ningún partido. Ninguno nos representa”, decía Michaela. “Necesitamos un sistema de democracia directa, sin partidos”, apuntaba él. Ambos estaban en contra del uso obligatorio de mascarillas en las escuelas. Igual que Svenja Wegemer, de 41 años, llegada de Essen, una ciudad al oeste de Berlín: “Están imponiendo una dictadura en Alemania. Merkel quiere crear otra RDA”. Wegemer asegura que no hay ninguna pandemia y que el coronavirus es un pretexto para someter a la población.

Entre los manifestantes también había personas como Dana, contable de 31 años, que había viajado desde un pueblo de la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, al norte de Berlín, con su marido. “Claro que el virus es real, el coronavirus existe, pero tenemos que aprender a vivir con él. Tenemos que recuperar la normalidad y la de nuestros hijos”, decía. Ni ella ni su marido son votantes de AfD: “Soy bosnia y vine a Alemania tras la guerra. Este país me acogió”. La mayoría de personas con las que habló EL PAÍS no habían tenido ningún caso cercano de enfermedad grave o muerte por coronavirus. Tampoco Bettina, de 54 años, bibliotecaria, que aseguraba tener miedo por la supervivencia de la democracia en Alemania. “Espero que esta pesadilla acabe este año”, decía, tras poner en duda que los test realmente detecten el virus.

Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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