La apuesta de Orbán por vacunas alternativas quiebra la unidad de la UE frente a la pandemia

La mitad de la población húngara vacunada ha recibido fármacos que no están cubiertos por el certificado europeo que desde este jueves facilita la movilidad de un país a otro

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, recibe en febrero la vacuna anticovid desarrollada por Sinopharm.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, recibe en febrero la vacuna anticovid desarrollada por Sinopharm.AP

La estrategia conjunta de vacunación, proclamada por Bruselas como uno de los éxitos europeos frente a la covid-19, ha perdido un eslabón. Hungría decidió en mayo desmarcarse de la nueva ronda de compra conjunta de vacunas para 2022 y 2023 y convertirse en el primer país de la UE que intentará garantizarse el suministro por sus propios medios. La apuesta de Budapest por vacunas alternativas, como la rusa o la china, choca, además, con el nuevo certificado europeo de vacunación, que permite desde este jueves moverse con mayor libertad por toda la UE a las personas a las que se haya administrado alguna de las vacunas autorizadas por la Agencia Europea del Medicamento (EMA).

Ningún otro socio ha secundado, de momento, la escisión húngara. Pero el éxito de Budapest en la campaña de inmunización (el 56,8% de la población ha recibido al menos una dosis), donde va en cabeza junto a Malta en porcentaje de población vacunada, podría resultar tentador para otros socios comunitarios, sobre todo, si se produjeran nuevos tropiezos en el calendario europeo de distribución de dosis.

La representación permanente de Hungría ante la UE asegura que la segunda ronda de la estrategia europea, que ya ha reservado 1.800 millones de dosis con BioNTech-Pfizer, hubiera obligado a comprar más vacunas de las que el Gobierno de Orbán considera necesarias. Y añade que “el continuo suministro de vacunas de la UE y de fuera de la UE permite al país mantener suficientes reservas no solo para la vacunación completa de la población, sino también para inyectar dosis de recuerdo si fuera necesario”.

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La estrategia húngara, sin embargo, se desvía cada vez más de la de la UE, donde de los 423 millones de dosis distribuidas hasta la fecha más de la mitad (286 millones) son Comirnaty, la marca de la vacuna producida por la compañía alemana BioNTech y la estadounidense Pfizer. Esa marca se ha convertido en la vacuna europea por antonomasia y en el eje de la estrategia de vacunación que, tal vez, haya que poner en marcha en 2022 y 2023.

Hungría, de casi 10 millones de habitantes, ha seguido un camino alternativo, basado en buena parte en la compra de vacunas rusas y chinas. De los 15,7 millones de dosis distribuidas hasta ahora en el país de Orbán, 5,1 millones son de Beijing CNBG (del laboratorio chino Sinopharm) y dos millones de la rusa Sputnik. “Hungría va a tener vacunada a buena parte de la población con esas vacunas y con la incertidumbre de si les sirven para viajar”, avisa el eurodiputado socialista Nicolás González Casares, miembro de la comisión parlamentaria que hace seguimiento de las estrategias de vacunación.

El reglamento sobre el certificado europeo de la covid, que ha entrado en vigor el 1 de julio, prevé la libre circulación sin restricciones (como test o cuarentenas) para las personas a las que se haya administrado una vacuna autorizada por la EMA (que son las de Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen, hasta ahora). En Hungría, de momento, esas cuatro vacunas suponen el 50% de las distribuidas. Un porcentaje que podría bajar en los próximos meses si el Gobierno de Orbán concentra sus adquisiciones en vías alternativas a la europea.

Un cargamento de vacunas de Sinopharm llega al aeropuerto de Budapest el 16 de febrero.
Un cargamento de vacunas de Sinopharm llega al aeropuerto de Budapest el 16 de febrero. Handout . (Reuters)

La norma comunitaria contempla la posibilidad de que el certificado se extienda también a vacunas autorizadas en régimen de emergencia por la Organización Mundial de la Salud, como es el caso de la china de Sinopharm. Pero ese reconocimiento no es automático sino que está sujeto a la autorización país por país en cada uno de los 27 socios de la Unión. Un requisito que podría complicar la posibilidad de desplazamiento de buena parte de la población húngara mientras la vacuna rusa y la china no reciban el visto bueno de la EMA. En el caso de la Sputnik, todavía no ha sido validada ni por la OMS ni por la EMA.

Sin contrato

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, había logrado hasta ahora mantener la unidad de los socios comunitarios a pesar de las críticas iniciales por la lenta distribución de las vacunas contratadas y los repetidos percances en el calendario de entregas. La estrategia vivió momentos críticos durante el primer trimestre de este año, cuando varios países —como Austria, Dinamarca o la propia Hungría— amagaron con movimientos unilaterales para mejorar el suministro.

La situación se encarriló a partir de abril y las campañas de vacunación avanzan a gran ritmo en casi todos los países de la Unión y el 61% de la población mayor de 18 años ya ha recibido al menos un pinchazo. Pero el creciente distanciamiento de Orbán con el resto de gobiernos de la UE amenaza con reabrir el debate sobre la estrategia común europea.

El desplante de Orbán a Bruselas en materia sanitaria llegó con motivo de la firma del nuevo contrato de reserva de dosis con BioNTech-Pfizer. El acuerdo, firmado por la Comisión y las dos farmacéuticas el pasado 20 de mayo, se ha hecho público esta semana en una versión censurada de manera brutal. Pero el documento muestra, al menos, que los países participantes en la adquisición de vacunas ya no son los 27 Estados de la UE sino solo 26. Todos menos Hungría.

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“Hungría participó de pleno y desde el principio en la primera ronda de acuerdos conjuntos de compra”, señalan fuentes de la delegación diplomática húngara en Bruselas. La misma fuente recuerda, sin embargo, que “dados los retrasos en la entrega de vacunas a principios de 2021, Hungría tuvo que recurrir a vacunas autorizadas conforme al régimen de emergencia previsto en la directiva farmacéutica”.

La diplomacia húngara añade que “según el nuevo contrato de la UE con Pfizer, Hungría se hubiera tenido que comprometer a comprar 19 millones de dosis, lo cual es una cantidad demasiado elevada incluso para los años 2022-2023, máxime cuando a partir de 2022 ya estará plenamente operativa en Hungría una planta nacional de producción de vacunas”.

Fuentes de la Comisión Europea indican que “solo Hungría ha solicitado salirse y, por consiguiente, no está cubierta por el contrato”. El organismo comunitario añade que “todos los otros Estados miembros tendrán la oportunidad de adquirir vacunas con arreglo al nuevo contrato”.

La ruptura de Budapest con la gestión europea de la pandemia coincide, además, con un creciente distanciamiento entre Orbán y el resto de socios de la UE, enfrentados en las últimas semanas por la ofensiva del Gobierno húngaro contra la comunidad LGTBI o por el continuo sabotaje de Budapest a la política exterior común europea.

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