El impacto económico del volcán: jaque a los dos sectores clave del PIB de La Palma

El golpe es todavía incierto, aunque las dos patas principales de la actividad de la isla, la industria platanera y el turismo, quedan tocadas

Dos agricultores llenos de ceniza recogen las piñas de plátanos, la semana pasada horas antes de que la lava del volcán llegara a las plantaciones, en Tazacorte (La Palma).J. MARMISA / P. CASADO / AGENCIAS (KIKE RINCÓN / EUROPA PRESS)

El volcán de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, está siendo devastador en todos los sentidos: emocional, físico —ha arrasado a su paso infraestructuras y edificios por más de 400 millones, según el Gobierno canario— y económico. La lava desciende de forma incandescente y no deja nada a su paso. Ni a su alrededor. Una imagen espectacular, casi hipnotizante, a la vez que aterradora. El tejido productivo también ha salido malparado y la erupción pone en jaque la economía de La Palma, principalmente a sus dos puntales: la industria platanera y el turismo.

“Aún es pronto para poder cuantificar las pérdidas económicas que sin duda supondrán centenares de millones de euros”, explica Raquel Díaz, consejera de Promoción Económica del Cabildo de La Palma. Portavoces de la presidencia del Gobierno autonómico inciden en el daño que está provocando el río de lava que todavía sigue vivo en la economía: “Están muy afectados los dos sectores más importantes: el plátano, que es el sustento principal de la isla, y el turismo”.

Por el lado de la agricultura, el peso de la industria platanera es notable. En 2020 La Palma exportó 144.302 toneladas de esta fruta. Eso supone ingresos por unos 135 millones de euros, según explica Sergio Cáceres, gerente de la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátano de Canarias (Asprocan). A esa cifra habría que añadirle las subvenciones públicas, unos 45 millones el año pasado. Es decir, más de un 11% de la economía de forma directa: 180 millones de euros sobre un PIB de la isla de 1.580 millones (dato de 2018), según el cuadro de indicadores económicos del Ejecutivo autonómico.

En los últimos días se han deslizado cifras muy superiores al peso de esta agricultura en La Palma. Es cierto que su importancia en la economía de la isla es mayor si se tiene en cuenta el impacto indirecto, pero no se acerca ni de lejos al 50% que se ha llegado a asegurar. “Si se suma todo, que es muy difícil de calcular, estará en el mejor de los casos cerca del 30%”, sostienen fuentes de Economía. Como explica Raúl Hernández, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna y coautor de la investigación Los pilares de la Economía de La Palma, no es necesario sobrevalorar esta agricultura, ya que es vital para la isla aunque no genere la mitad del PIB: “Algo más de un 10% también es un peso muy relevante”.

Sobre este impacto económico, además, hay que tener en cuenta que el volcán no afecta a toda la producción, aunque Cumbre Vieja ha golpeado la zona principal, especialmente Los Llanos de Aridane. Entre Los Llanos, Tazacorte y El Paso acumulan algo más de la mitad de las plantaciones y del empleo de esta industria. “Los municipios directamente afectados recogen más del 50% de los plátanos de la isla”, remarca Cáceres en referencia a lo que se ha comido la lava y a donde llegan las cenizas. Hasta el momento, según el Gobierno regional, ya se han dejado de recolectar más de 1.000 toneladas en menos de dos semanas.

Vistas del río de lava descendiendo muy cerca de las plantaciones de plátanos desde el volcán Cumbre Vieja.
Vistas del río de lava descendiendo muy cerca de las plantaciones de plátanos desde el volcán Cumbre Vieja.Kike Rincón (Europa Press)

Una retahíla de datos negativos que no son abstractos. Tras de sí se encuentra el rostro de agricultores que se han quedado casi sin nada. Marco Lorenzo señala unos plátanos y explica que, aunque parezcan sanos, están inservibles. Están cubiertos de ceniza, que les crea unas manchas que aumentan con el traqueteo en el camión que los transporta. “Aunque están buenos por dentro, la gente no los quiere”, dice. Por si no bastase, para las frutas en las plantaciones de la zona que sean viables existe otra dificultad: la vía principal está cortada y el tiempo para recoger la cosecha es limitado.

A la espera de viajeros

La otra pata de la economía de La Palma, el turismo, también está muy tocada. En 2019 obtuvo unos ingresos por esta actividad de 285 millones. Pero llega asfixiada a este punto, tras un año y medio golpeada por la crisis del coronavirus que ha reducido esa facturación a 82 millones el año pasado. Y ahora la erupción del volcán le ha dado un golpe de gracia. “Las reservas se han desplomado desde la semana pasada”, explica Esther, jefa de sala del restaurante de uno de los mayores hoteles de Los Cancajos, la principal zona turística de la isla. La estampa es parecida en todos los establecimientos de la zona: recepciones y piscinas desérticas, tanto por la escasa cantidad de turistas como por la ceniza en forma de arena que se extiende por todos los accesos.

En este caso, eso sí, se espera que el destrozo sea temporal. Es decir, que una vez culmine la actividad volcánica los turistas vuelvan al perder la sensación de peligro. “Esperamos que la parte turística se recupere pronto. Incluso este desastre ha puesto a La Palma en la mente de muchos viajeros que antes no se planteaban venir a la isla”, argumenta el profesor de la Universidad de La Palma y director de la Cátedra de Turismo CajaCanarias-Ashotel-ULL.

El problema es que la erupción ha llegado en la antesala de la temporada alta de la región. “La catástrofe coincide con el momento de más llegadas para un sector que, tras superar el verano, comenzaba a repuntar con tasas de ocupación que oscilaban entre el 50% y el 75%. Reservas que automáticamente han sido canceladas”, añade Díaz. Pese a ello, el Cabildo de La Palma insiste en que la isla es un destino seguro. Raúl Camacho, consejero de Turismo del Cabildo, matiza que no quieren hacer promoción del volcán, aunque a muchos les atraerá verlo en primera persona: “Esto no es un espectáculo, pero seguimos siendo una isla donde se puede vivir, en la que las líneas de guaguas funcionan, los comercios siguen abiertos y hay muchos sitios que se pueden visitar”.

Así, la erupción le está propinando un fuerte golpe a los dos pulmones de la isla. De ahí la preocupación que existe: por un lado, porque parte de las plantaciones han desaparecido o están inservibles. Y también por el turismo, ante el desplome de llegadas, lo que lleva a los hoteles a planear devolver a trabajadores a los ERTE, según fuentes del Cabildo. Los empresarios turísticos de la isla esgrimen: “Una forma útil de ayudar a la isla y defender el futuro de sus habitantes es visitarla, alojarse y consumir en ella para evitar la debacle de la economía”. De no ser así, el daño puede ser irreversible.

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