La investigación oncológica recupera el pulso tras el freno de la pandemia

La Asociación Española contra el Cáncer estima que el reclutamiento de pacientes con cáncer en ensayos clínicos disminuyó un 30% durante la primera ola. Los oncólogos aseguran que ya se ha retomado el ritmo prepandemia

Investigadores en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid (CNIO), en 2019.
Investigadores en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid (CNIO), en 2019.CNIO (CNIO)

La investigación oncológica resiste al envite de la pandemia de coronavirus. A pesar de que el azote de la primera ola, que puso en jaque a los sistemas sanitarios de medio mundo, obligó a paralizar el reclutamiento de pacientes para ensayos clínicos y cerró laboratorios de investigación básica, los oncólogos consultados coinciden en que la investigación contra el cáncer ha sorteado los tropiezos del último año y medio y ya ha recuperado el ritmo prepandemia. La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) estima que el reclutamiento de pacientes oncológicos en ensayos clínicos disminuyó un 30% durante los primeros meses de crisis sanitaria y un análisis internacional publicado en la revista científica Jama apunta que la pandemia se ha asociado con una reducción del 60% en el lanzamiento de nuevos ensayos clínicos contra el cáncer. Habrá que esperar, coinciden los especialistas, para ver si el freno en la investigación oncológica en 2020 impactará en el pronóstico de los enfermos.

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En la primera ola, explica Joan Albanell, jefe de Oncología del Hospital del Mar de Barcelona, hubo “una reducción drástica” en la incorporación de pacientes a ensayos clínicos: “Esto se debe a dos factores: que muchos promotores cerraron los ensayos temporalmente y que en los hospitales la atención se centró en la covid, la actividad oncológica se mantuvo como se pudo y los pacientes tenían miedo a acudir al hospital”. La afectación se dio, sobre todo, en estudios de fase III, apostilla Josep Tabernero, director del Vall d’Hebron Institut d’Oncologia (VHIO) y jefe del servicio en el centro sanitario del mismo nombre: “Para nosotros, el parón fue corto y, de hecho, acabamos 2020 con más pacientes tratados en ensayos que en 2019, sobre todo en ensayos en fase I. En ensayos de fase III, los laboratorios cerraron el reclutamiento durante varios meses”. La explicación, arguye, es que en estudios de fase I y II no hay un final regulatorio y si el estudio se desvirtúa por muertes o ingresos por covid, afecta menos a la evaluación de los resultados. En cambio, si se trata de un estudio en fase III, que apunta a una revisión de las agencias regulatorias para dar su visto bueno, estos casos sobrevenidos sí tendrían un impacto en la evaluación final.

Los retrasos pesaron en la investigación clínica a pie de consulta, pero también en los laboratorios de investigación básica, que se vieron abocados al cierre con el confinamiento. “No se tuvo en cuenta la investigación contra el cáncer cuando se tomaron medidas de confinamiento y hubo retrasos generalizados en todos los proyectos. No es lo mismo cerrar una zapatería que un laboratorio, que trabaja con experimentos y materia viva”, protesta Isabel Orbe, directora general de la Fundación Científica de la AECC. La única parte positiva, agrega, “es que los científicos han tenido tiempo de pensar, replantear estudios y escribir papers [artículos científicos]”.

Rafael López, presidente de la Fundación para la Excelencia y Calidad de la Oncología (ECO), defiende que la investigación oncológica no se ha recuperado completamente del azote de la pandemia. “Nosotros estábamos en un proyecto internacional para estudiar la genómica y la proteómica y se ha quedado sin financiación”, relata. Y en investigación básica, la situación es peor aún, advierte: “No se ha recuperado: hay investigadores que se han ido a otros países, los laboratorios se han quedado tocados y estamos esperando unos fondos Next Generation que no llegan”.

Los expertos coinciden, eso sí, en que, tras la primera ola, los investigadores y la industria buscaron alternativas para continuar con la labor científica en las sucesivas olas pandémicas. De hecho, apunta Álvaro Rodríguez-Lescure, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica, incluso en la primera ola “se hicieron enmiendas a los protocolos para que los pacientes que estaban dentro de los ensayos pudiesen seguir dentro, pero elevando la seguridad”.

Los protocolos se perfeccionaron y se adaptaron a la realidad del momento, que sorteaba el azote del virus con un baile de restricciones más o menos severas. “Hubo que adoptar medidas para paliar la paralización, como llevar medicación a la casa de los pacientes o monitorizarlos a distancia”, ejemplifica Amelia Martín, responsable de la Plataforma de Medicamentos Innovadores de Farmaindustria, la patronal del sector farmacéutico. Algunas de estas medidas, por cierto, ya han venido para quedarse, augura Martín. Por ejemplo, la monitorización remota o la incorporación de centros satélites próximos al domicilio del paciente para que se haga algunas pruebas y no tenga que desplazarse hasta el hospital de referencia del ensayo.

Efectos inciertos

Aunque el impacto mayor fue durante la primera ola, está por ver los efectos de un año y medio de idas y venidas con la amenaza latente de un virus que se ceba con especial dureza contra las personas inmunodeprimidas, por ejemplo, como son los pacientes con cáncer en tratamiento de quimioterapia. Rodríguez-Lescure sospecha que los efectos del freno en la investigación serán mínimos en el pronóstico de los pacientes, pero López discrepa: “Ha habido una repercusión, pero no está cuantificada. Además de la variable de que hay pacientes con cáncer que tienen secuelas importantes tras haber pasado la covid, hubo diagnósticos tardíos y hay pacientes que ya no cumplen requisitos para entrar en los ensayos”.

La otra gran amenaza que deja la pandemia es el papel que ocupará ahora el cáncer en el orden de prioridades de la industria farmacéutica al tener que compartir espacio con otra gran amenaza para el mundo, como la covid. Martín asegura que “el compromiso con la oncología es muy grande”, pero Tabernero ya ha detectado más competitividad. “Hemos notado una priorización por programas de investigación que tienen un alto impacto. A veces, desarrollas medicamentos con un impacto moderado, pero como los recursos son finitos, se han redirigido los recursos. Y esto es bueno”, zanja el oncólogo de Vall d’Hebron.

La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (Aemps) no dispone de datos de reclutamiento, pero sí ha constatado que la investigación oncológica sigue su carrera ascendente. La agencia reguladora cerró el 2020 con más ensayos autorizados que el año anterior: 361 frente a 334 en 2019. Una portavoz de Sanidad señala que “es posible que muchos estudios hayan visto diezmado el reclutamiento, especialmente durante las primeras olas, pero que el promotor decidiera no interrumpir oficialmente el estudio, simplemente quedar a la espera”.

Sobre la firma

Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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