Un reportaje de Planeta Futuro sobre infanticidios en Guinea-Bisáu, premiado por la ONCE

La historia firmada por Alejandra Agudo Lazareno con fotos del fotógrafo Álvaro García gana el Premio Tiflos de la ONCE en la categoría de periodismo digital

Ismene Henriqueta Quintino, de 23 años, sostiene a su hija Jean Philippe, de un año, con parálisis cerebral a la que su familia quiso matar al considerarla una 'irã' (no humana).
Ismene Henriqueta Quintino, de 23 años, sostiene a su hija Jean Philippe, de un año, con parálisis cerebral a la que su familia quiso matar al considerarla una 'irã' (no humana).Alvaro Garcia

La ONCE ha premiado en la categoría de periodismo digital el reportaje Matar bebés por no considerarlos seres humanos, publicado en la sección de EL PAÍS Planeta Futuro en mayo del año pasado. El trabajo, firmado por la periodista Alejandra Agudo Lazareno con imágenes del fotógrafo Álvaro García, cuenta una práctica muy poco conocida pero común en Guinea-Bisáu: el infanticidio selectivo de recién nacidos con discapacidad. Matan a los pequeños por considerarlos irã, que en la lengua criolla del país quiere decir espíritu o demonio. Son niños que no reciben ni nombres por el hecho de que haber nacido con alguna discapacidad, como parálisis cerebral o epilepsia. Algunos simplemente parecen tener algún trastorno y ya por ello son condenados al ritual.

El jurado del premio ha destacado “el valor” de la historia, así como los “datos terribles y desconocidos para la mayoría, procedentes de un país africano, y con un trato impecable de las imágenes y los textos” lo que lo hacen “muy empático”. Los Premios Tiflos de Periodismo valoran el enfoque de periodismo social aplicado a la actualidad y los valores relacionados con la inclusión de las personas con discapacidad. Los ganadores son decididos exclusivamente por los periodistas que componen el jurado, la ONCE no tiene voto.

La autora del texto, Agudo Lazareno, cuenta que no viajó a Guinea-Bisáu con la idea de que haría este reportaje. De hecho, desconocía la existencia de esta práctica. Durante una entrevista sobre el terreno para otro reportaje, le comentaron de pasada que esta práctica se llevaba a cabo. Se trata de un ritual, que consiste en llevar al bebé junto al mar y colocar una bola de harina de arroz o huevo. Si el niño se lanza a por ella, se considera que es un espíritu malignos y hay que abandonarlo allí, para que las olas se lo lleven. En otros casos, la ceremonia consiste en encerrarlos en una habitación sin ventanas ni luz durante una semana, y si fallecen se entiende que no era un ser humano.

“Esto sobre todo supone un reconocimiento a una realidad muy olvidada”, dice Agudo Lazareno sobre el premio. “Es una realidad que nos pilla muy lejos, es un país africano pequeñito y pensé que a lo mejor no le encajaría al jurado”, admite. La periodista destaca que no existen datos sobre estos infanticidios porque no hay denuncias. Son las propias familias de los bebés quienes realizan el ritual, y aunque haya sido en contra de la voluntad de la madre, no dan el paso de denunciarlo. Ante esta opacidad, Agudo Lazareno subraya una cifra a la que agarrarse para intentar comprender la realidad de este fenómeno. En Guinea-Bisáu, el 4,5% de niños entre dos y cuatro años tienen algún tipo de discapacidad, pero en adultos ese porcentaje baja a 1% en hombres y 2,7% en mujeres. Son datos muy por debajo de la media global de la población con alguna discapacidad, que se sitúa en 15%.

Para Agudo Lazareno era importante también retratar en el reportaje “que no es todo negativo”. Hay mamás que se enfrentan a sus familiares y salvan a sus hijos. También hay ONGs como la organización sociosanitaria Aida, que ofrecen recursos para que estas madres y sus hijos tengan una “vida digna”. “Con apoyo, esto se puede parar”, concluye.

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