Faltan vacunas para la viruela del mono: España solo tiene garantizadas 18.500 dosis para todo el año

La Agencia Europea del Medicamento estudia aprobar una técnica ya usada en Estados Unidos que permite extraer inyecciones para cinco personas de cada dosis del suero

Un hombre es atendido en el Punto de Vacunación contra la viruela del mono del hospital Isabel Zendal de Madrid, este jueves.
Un hombre es atendido en el Punto de Vacunación contra la viruela del mono del hospital Isabel Zendal de Madrid, este jueves.J.J.Guillen (EFE)

Nadie sabe quién recibió la primera vacuna para la viruela del mono en España. No hubo un acto televisado, como sucedió con la de la covid, a finales de 2020. Como entonces, ahora faltan dosis para inyectar a todo el que lo necesita. Pero, a diferencia de la crisis del coronavirus, no está previsto que lleguen muchas más a corto o medio plazo. A España le corresponden a través del mecanismo de compra europeo solamente 18.500 dosis, lo que en principio solo da para 9.250 pautas completas, ya que son necesarios dos pinchazos para su total efectividad.

El Ministerio de Sanidad recibió el jueves 7.110 vacunas, que se agregan a 5.300 que ya había y que se estaban inyectando sobre todo en Madrid y Cataluña, las dos comunidades que copan dos tercios de los 5.162 casos en España. Provienen de una compra conjunta de la UE de 109.090, a las que se sumarán hasta final de año otras 54.530, que se distribuirán, según el Ministerio de Sanidad, en el último trimestre de 2022. De estas, corresponden a España algo más de 6.100. Todo sumado da esas 18.500.

España es el país más afectado de Europa por la viruela del mono —y el primero del mundo en diagnósticos por 100.000 habitantes—, pero el reparto va por población, no por casos. Sanidad asegura que se ha habilitado un mecanismo para la donación de vacunas entre Estados miembros, en caso de ser necesario. Es un cauce por el que podrían llegar más, aunque dada la escasez mundial del producto, es complicado que sean muchas. El ministerio tampoco ha intentado una compra fuera del mecanismo comunitario, según ha confirmado a este diario.

¿Cuántas dosis serían necesarias? Es difícil de calcular. Los potenciales receptores son los contactos cercanos a los infectados y el grupo considerado de riesgo: hoy por hoy, el de los hombres que mantienen relaciones sexuales con múltiples parejas masculinas que tengan menos de 45 años (a los mayores se les supone ya vacunados contra la viruela). Aunque no se considera una enfermedad de transmisión sexual, el contacto íntimo durante el sexo está siendo la principal vía de contagio: más del 80% de los casos. Quien se sienta incluido en este grupo puede pedir cita, aunque escasean y es complicado acceder a una.

Para calcularlo, Toni Poveda, activista LGTBI y director de Cesida, toma como base las aproximadamente 14.000 personas que reciben PrEP, un tratamiento profiláctico que evita el contagio del VIH (no otras enfermedades) y que usan personas con un perfil muy similar a las que tienen prácticas de riesgo para la viruela del mono. Esos 14.000 es un número del que partir, pero la cifra final es muy superior: hay, por ejemplo, muchos hombres que con estas mismas prácticas no toman esa medicación. “A todos ellos habría que añadir a los contactos de los contagiados, a una porción de las 140.000 personas con VIH [que no toman PrEP y tienen varias parejas sexuales], a los sanitarios que trabajan con afectados, personal de laboratorio… Y eso si no sigue creciendo y se hace necesario vacunar a más grupos, como personas heterosexuales con varias parejas”, enumera Poveda, que urge a Sanidad a conseguir más dosis.

De momento, lo que se está haciendo para llegar al mayor número de personas que sea posible es inocular una sola dosis. La vacuna que se usa para la viruela del mono no está diseñada específicamente para esta enfermedad, sino para la viruela convencional. Aunque faltan estudios más específicos, se calcula que un pinchazo puede tener una efectividad de en torno a un 30%, que sube a alrededor del 80% con la pauta completa.

Cola a la entrada del punto de vacunación donde se suministra la vacuna contra la viruela del mono, en el hospital enfermera Isabel Zendal de Madrid, el martes.
Cola a la entrada del punto de vacunación donde se suministra la vacuna contra la viruela del mono, en el hospital enfermera Isabel Zendal de Madrid, el martes. DAVID EXPÓSITO

Estados Unidos ha aprobado una nueva técnica para inyectar la vacuna que permite aprovechar cinco pinchazos de cada dosis. Un estudio con 200 personas muestra una respuesta inmunitaria similar con una quinta parte de la sustancia si se aplica de forma subcutánea en lugar de intradérmica, como se hace ahora. España ha pedido a la Agencia Europea del Medicamento que estudie aprobar esta posibilidad, lo que multiplicaría por cinco el alcance de su compra.

Amós García Rojas, presidente de la Sociedad Española de Vacunología, cree que es una decisión que llegará más pronto que tarde: “Es una medida excepcional para una situación excepcional y cuenta con evidencia científica que la avale”. Mientras esto sucede, García Rojas considera que lo sensato es limitarse a poner solamente primeras dosis: “Es mejor tener a mucha gente algo protegida que a poca completamente vacunada”.

Otra opción para maximizar las existencias sería limitar las vacunas al grupo de riesgo y no ponerla a los contactos de los infectados, tal y como sugieren los autores de un estudio español que confirmaba que el periodo de incubación del virus es de unos siete días, frente a los 15-22 que se demoraban los brotes anteriores en los países endémicos. Esto, explican los investigadores, es muy poco tiempo para generar una respuesta inmunitaria suficiente tras un contacto, por lo que no tendría mucho sentido gastar dosis en estas personas. En cualquier caso, la dificultad del rastreo de contactos, debido en buena parte al estigma que acarrea todavía la enfermedad, está produciendo que las vacunas a contactos estén siendo mucho menos empleadas que las de preexposición: solo una de cada cinco, según la Comunidad de Madrid, que también asegura que el 20% de las personas que pide cita luego no acude a vacunarse.

Una vacuna que estaba en desuso

La escasez de dosis se debe a que la capacidad de producción de esta vacuna contra la viruela convencional es muy limitada. La única empresa que produce la de tercera generación, que es la que se usa, es la danesa Bavarian Nordic, que hasta ahora vendía pocas unidades al año a Canadá y a Estados Unidos. Era una medida preventiva ante un posible ataque biológico, ya que la viruela está erradicada desde hace más de cuatro décadas. “Cuando empezó todo en mayo, prácticamente no teníamos existencias disponibles”, explica a EL PAÍS Thomas Duschek, portavoz de la compañía.

Aunque en 2019 las autoridades sanitarias autorizaron el medicamento para prevenir la viruela del mono, hasta ahora ha sido un empleo testimonial. “Ha sido imposible conseguir un mercado suficientemente grande. Solo nos la requerían muy esporádicamente los países occidentales donde surgían casos dispersos de personas que habían viajado a África”, justifica Duschek.

La compañía tiene un encargo de siete millones de dosis de Estados Unidos y hasta el final del año son capaces de producir dos millones para el resto de países. Para conseguir incrementar la capacidad de fabricación ya está en negociaciones con otras farmacéuticas con las que pueda colaborar para ampliar la producción. “En teoría nosotros podríamos fabricar 30 millones de dosis al año, pero para eso tendríamos que parar todos nuestros demás productos, y no es realista”, justifica el portavoz.

Los colectivos LGTBI han pedido al Gobierno de España que vaya más allá del mecanismo de compra europeo y adquiera sus propias dosis, teniendo en cuenta que es de largo el país más afectado. Pero el Ministerio de Sanidad no se plantea otra vía, algo que sí han hecho otros países comunitarios: Alemania, por ejemplo, se ha asegurado 40.000 vacunas en junio y 200.000 hasta finales de año, según ha confirmado la organización de transparencia Civio.

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Sobre la firma

Pablo Linde

Escribe en EL PAÍS desde 2007 y está especializado en temas sanitarios y de salud. Ha cubierto la pandemia del coronavirus, escrito dos libros y ganado algunos premios en su área. Antes se dedicó varios años al periodismo local en Andalucía.

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