La entrevista en un tabloide con un violador en serie prende la mecha del Me Too en Serbia

Feministas serbias impulsan importantes movilizaciones para protestar contra la violencia sexual y la pasividad de su Gobierno

Un grupo de feministas serbias se manifiestan en Belgrado el 7 de octubre.
Un grupo de feministas serbias se manifiestan en Belgrado el 7 de octubre.Ricard González

Al menos tres veces en las últimas semanas, cientos de personas, la mayoría mujeres jóvenes, han caminado por las calles del centro de Belgrado armadas con pitos y timbales al grito de “¡Revolución Feminista!”. Esta ha sido la reacción de los movimientos feministas serbios, empoderados en los últimos dos años, a la publicación morbosa en Informer, un tabloide sensacionalista, de una entrevista con un violador en serie recién salido de la cárcel después de haber cumplido 15 años de condena. Desde la eclosión del movimiento Me Too hace cinco años, en varios países del mundo ha habido movilizaciones feministas provocadas por algún caso relacionado con la violencia sexual, y Serbia no es la excepción.

“Cuando vimos la entrevista, nos indignamos profundamente. Y decidimos convocar a través de nuestra página una concentración delante de la sede de Informer. Fue una sorpresa que viniera tanta gente”, explica Jelena Riznic, una de las creadoras del grupo online Solidaridad de las Mujeres, que lleva dos años activo. En la concentración intervienen varias personas que realizan peticiones que van más allá de la retirada del vídeo de la entrevista del portal del periódico, donde ya suma más de medio millón de visualizaciones, y giran sobre todo alrededor de las violencias sexuales contra las mujeres.

En la protesta, el ambiente es ruidoso y festivo. “Exclusiva: sois una mierda”, reza una pancarta dirigida contra el rotativo sensacionalista. Con el reciente asesinato de una mujer y de su hija a manos de su pareja, los feminicidios en lo que va de 2022 en Serbia ascienden a 25. “Estamos hartas de andar con miedo por la calle, sobre todo por la noche, de no sentirnos seguras si no nos acompaña algún hombre. Mi madre tiene historias [de violencia sexual], yo también, y no quiero que mis hijas las tengan también”, comenta Tiana, una gestora de proyectos que es la primera vez que asiste a una movilización feminista.

Las protestas han contado con el importante apoyo de algunas asociaciones de mujeres con un más largo recorrido, como el Centro de las Mujeres Autónomas, creado en 1993, y que proporciona apoyo legal y psicológico a las mujeres víctimas de todo tipo de violencia. “El problema no es entrevistar a un violador, sino el cómo se hizo: convertirlo en una celebridad mediática, no proporcionar ningún contexto”, protesta Vania Macanovic, una de las responsables del centro. “Existe un órgano regulador de los medios, pero no hace su trabajo. La violencia contra las mujeres es habitual y se suele banalizar. Los realities están muy de moda y en alguno se han emitido agresiones contra mujeres participantes”, apostilla.

La actual “revolución feminista” serbia no habría germinado sin la denuncia pública hecha el año pasado por dos conocidas actrices contra un célebre director y profesor de teatro, Miroslav Aleksic, por haberlas agredido sexualmente varios años antes. Tras su testimonio, otras víctimas interpusieron también demandas, y Aleksic se halla a la espera de juicio. “Nuestro grupo se creó a partir de ese caso”, comenta Riznic. “Las actrices y las periodistas que destaparon el caso han realizado una labor muy importante. Hasta ahora, no se solían perseguir las denuncias de violaciones cometidas años atrás. Esperemos que esta vez sea realmente diferente”, dice Macanovic.

El riesgo de involución en materia de derechos se hizo evidente el pasado verano, cuando el Ejecutivo prohibió la celebración del Día del Orgullo Gay escudándose en “motivos de seguridad”. Sin embargo, la determinación de los organizadores en realizar el evento igualmente y la presión de la sociedad civil obligaron al Gobierno a hacer marcha atrás y autorizarlo en el último momento. “Fue una victoria importante. Sabíamos que si cedíamos, el siguiente objetivo serían los derechos de las mujeres. Es peligroso que el Gobierno dé tanto poder a la Iglesia”, desliza Macanovic.

La sociedad serbia es profundamente patriarcal, y la igualdad de género aún es un objetivo lejano. Por ejemplo, existe una importante brecha salarial entre mujeres y hombres, que muy raramente suelen solicitar bajas de paternidad. El actual Gobierno, liderado por el presidente Alexander Vucic, es populista y de derechas, y no figura en su agenda una expansión de los derechos de las mujeres. “Su sensibilidad en este asunto es cero. El hecho de que la primera ministra sea una mujer lesbiana no ha significado ningún tipo de progreso. Es puro marketing. Nunca habíamos tenido tantas mujeres en el Parlamento, pero la mayoría son muy conservadoras”, lamenta Macanovic.

Según Stacha Zajovic, fundadora de la organización pacifista y feminista Mujeres de Negro, el machismo de la sociedad serbia está muy relacionado con su reciente pasado. “Este país está dominado por una mentalidad nacionalista y militarista. Es difícil que se luche contra la violencia sexual cuando este es uno de los pocos países que no reconoce la violación como un crimen de guerra”, espeta Zajovic en relación con los miles de violaciones perpetradas por los paramilitares serbios durante la guerra de Bosnia en los años noventa. De hecho, Mujeres de Negro se hizo dio a conocer por sus vigilias de denuncia del genocidio en la localidad bosníaca de Srebrenica en 1995, nunca reconocido por el nacionalismo serbio.

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