Calles vacías y paseos cortos en el primer día laboral de cierre estricto en los Países Bajos

Solo permanecen abiertos los comercios considerados esenciales, como el supermercado, la panadería y la carnicería. No puede haber más de dos personas juntas en el exterior, pero se permiten los viajes

Aspecto del Barrio rojo de Ámsterdam este lunes.
Aspecto del Barrio rojo de Ámsterdam este lunes.Marc Driessen

Países Bajos vive este lunes su primera jornada laboral tras el cierre estricto impuesto el sábado por el Gobierno con el objetivo de frenar la explosión de contagios de covid causada por la variante ómicron. En La Haya, una peluquera llama una a una a todas las clientas que han perdido su cita. “Buenos días. Hemos tenido que anular su visita por las nuevas restricciones, pero podemos llevarle a casa la mezcla para las mechas que le ponemos normalmente. ¿Le parece bien?”, pregunta por teléfono. Fuera, la calle de la peluquería, situada en una zona residencial de clase media alta de la ciudad, está vacía. Desde el sábado, no puede haber más de dos personas juntas en el exterior.

Solo permanecen abiertos los comercios considerados esenciales, como el supermercado, la panadería y la carnicería. Aquellos que no han hecho sus pedidos por internet vuelven rápido a casa. La aplicación de las limitaciones está en manos de los ayuntamientos y en la provincia de Drenthe, al noreste del país, se ha impuesto ya la primera multa: el Foro para la Democracia, del líder de ultraderecha Thierry Baudet, montó sin permiso un mercadillo navideño este domingo y tendrá que pagar 10.000 euros.

La solitaria escena de La Haya se repite en las calles del centro urbano. Peter, dueño de un restaurante en la ciudad, se muestra resignado. “Supongo que lo entiendo, pero es un golpe muy duro en estas fechas. Es cuando más caja hacemos”, sostiene, mientras revisa las sillas apiladas en su terraza. En su caso, el restaurante, del que prefiere que no se divulgue el nombre, intentará reducir pérdidas con el reparto de comidas a domicilio, que sí está permitido.

El Gobierno holandés ha incorporado el concepto inglés lockdown (confinamiento) para referirse al cierre estricto aplicado durante la pandemia. De hecho, el término aparece en una entrada del diccionario Van Dale —equivalente en neerlandés al de la Real Academia española— definido como “un cierre total”. Y también como una medida de emergencia “que impide el acceso o la salida de edificios y entornos”. En la práctica, implica el cierre de todos los servicios no esenciales y la limitación de los encuentros para evitar las aglomeraciones en la calle. No impide salir a pasear, ir a comprar alimentos o a la farmacia, pero la clausura de la vida social consigue el efecto deseado: que la gente permanezca lo más posible en sus hogares reduciendo las visitas a dos personas. En inglés, y en boca del primer ministro holandés y del titular de Sanidad, es un confinamiento presentado en un envoltorio de tinte más internacional y tal vez así más digerible.

“¿Veremos a los abuelos?”, pregunta Lode, de casi cuatro años, a su madre, Maartje, a la puerta de una farmacia de La Haya a la que han acudido a comprar un antibiótico. El niño se refería a los abuelos maternos y ella está haciendo cálculos con las edades. Sus padres están cerca de los 70 años y el Gobierno ha indicado que a partir de esa edad deben reducirse los encuentros con menores de 12. La costumbre en su casa es celebrar juntos la Nochebuena, pero este año aún no han tomado una decisión. Ese día, Navidad y el 26 de diciembre se puede recibir a cuatro personas, lo mismo que en Nochevieja, pero la cifra de contagios fluctúa y tienen dudas. Desde el domingo por la mañana hasta la mañana de ayer se registraron 12.220 nuevos positivos, 1.111 menos que 24 horas antes, según el Instituto para la Salud y el Entorno (RIVM). Una cifra muy por debajo de los 20.000 contagios al día que se registraban a principios de diciembre, media que ya la semana pasada bajó hasta las 17.000 infecciones. Sin embargo, la ocupación hospitalaria no ofrece tan buenos datos: este lunes había 2.411 personas ingresadas, casi 90 más que el domingo, indicó el centro nacional que coordina la distribución de pacientes. Las UCI sí experimentaron una leve mejoría con 13 camas menos ocupadas, 596 en total.

Según una encuesta publicada este lunes por el programa EenVandaag, de la televisión pública, el 59% de los holandeses habla con amigos y parientes de las normas oficiales contra la covid. Una de cada siete personas (un 15%) acaba discutiendo. El choque más notorio se produce entre vacunados y no vacunados. No se entienden, y dos tercios de los 31.000 encuestados sostienen que la tensión entre ambos grupos “es la mayor contradicción que causa hoy divisiones en la sociedad”, indican fuentes de la cadena televisiva, AvroTros.

Las calles están igual de vacías en Ámsterdam que en La Haya. Se puede observar a algunas personas paseando por el corazón de la ciudad, en la plaza de Dam, o dando de comer a las palomas; así como algunos coches de policía que patrullan la zona. En algunas de las calles comerciales del centro, como la Kalverstraat, que suele ser una de las más concurridas todo el año, la imagen era similar. Se ven algunos grupos formados por más de los dos integrantes permitidos porque los convivientes se consideran como una misma persona a la hora de salir, pero no hay nada que hacer fuera. Los cines, museos, teatros, parques de atracciones y zoos están cerrados.

En un hotel de la capital (estos negocios sí se mantienen abiertos), explican al teléfono las reglas internas: “Todas las comidas deben consumirse en las habitaciones, el gimnasio solo es accesible con cita previa, el restaurante y la cafetería están cerrados y la mascarilla es preceptiva en todo momento”. Añaden que hay cancelaciones y se devuelve el dinero en función de cada caso.

Después de un fin de semana de choque emocional en los Países Bajos por el cierre, los alcaldes de las poblaciones belgas y alemanas en la frontera holandesa no descartan recibir visitas de ciudadanos que van a pasar el día, de compras, o incluso al cine, y luego regresan a sus casas. “Se puede hacer, pero respetando las normas”, recalcó el sábado el ministro de Sanidad holandés, Hugo de Jonge. Para evitar los contagios, sin embargo, el Gobierno pidió “aplicar el sentido común y reducir los viajes”.

El Gobierno de la provincia de Amberes, en Bélgica, ha pedido a los holandeses “que respeten las medidas de su propio país” y no crucen la frontera. En Renania del Norte-Westfalia el partido ecologista ha calificado de “completamente absurdo” que Países Bajos esté en situación de confinamiento, mientras sus ciudadanos cruzan a las tiendas de la frontera, señalan medios holandeses. Está previsto que tanto Alemania como Bélgica estudien esta semana sus propias medidas contra la pandemia.

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