Columna
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Wayne

“Creo en el supremacismo blanco". Opinión tan indefendible no le quita ni un ápice de grandeza al Wayne actor, cuyo arte imagino que fue la razón por la que le construyeron estatuas

John Wayne, en 'Centauros del desierto'.
John Wayne, en 'Centauros del desierto'.

Los legendarios actores que formaron parte insustituible del cine que más he amado ya se han muerto. Y cada uno era de su padre y de su madre en la vida real. A Grant le gustaban las mujeres y los hombres y durante una época se puso ciego de LSD. Mitchum hizo siempre lo que le dio la gana, incluida su afición a la marihuana en un tiempo donde te encarcelaban por consumirla. Douglas rompió el veto de las siniestras listas negras rescatando a Trumbo como guionista de Espartaco. Fonda siempre actuó como un liberal. Stewart era profundamente conservador. Y Wayne perteneció a la Legión Americana, odiaba todo lo que oliera a rojerío, dirigió la tan mediocre como mentirosa Boinas verdes, exaltación de la guerra de Vietnam. Todos ellos fueron magnéticos y grandiosos cuando les filmaba la cámara.

Me entero de que han desposeído a Wayne de un aeropuerto que llevaba su nombre. Por una entrevista en la que declaró: “creo en el supremacismo blanco mientras los negros no se eduquen hasta alcanzar cierto nivel de responsabilidad”. Y, como cualquier persona mínimamente racional, detesto el supremacismo. Opinión tan indefendible no le quita ni un ápice de grandeza al Wayne actor, cuyo arte imagino que fue la razón por la que le construyeron estatuas.

Wayne interpretó en Centauros del desierto a un racista a punto de matar a su sobrina al ver que se ha convertido en una apache. No creía en la ley sino tan solo en su propia fuerza en El hombre que mató a Liberty Valance. Arrastró por el maravilloso pueblo de Innisfree a Maureen O’Hara en El hombre tranquilo. Son tres obras maestras que llevan la firma de Ford, el ancestral tutor de Wayne. ¿Qué van a hacer los nuevos tiempos con ellas? ¿Las van a anatemizar? No me importa. Como los resistentes hombres libro de Fahrenheit 451, me las sé de memoria.

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