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Rotula, que algo queda

El rótulo es el refugio del cobarde, de quien no se atreve a decir según qué cosas en antena, pero las cuela como quien pintarrajea la puerta del baño del instituto

Rótulo de TVE sobre Leonor de Borbón.
Rótulo de TVE sobre Leonor de Borbón.

Una confesión previa: detesto los rótulos. Si alguna vez Rosa María Mateo deja de ser la administradora provisional vitalicia de RTVE y consigo hacerme con su puesto tras muchas y muy sucias maniobras políticas, mi primera medida sería prohibir los rótulos, salvo en Cachitos. Los rótulos son basura visual, abaratan la estética del programa, premastican la información y orientan la mirada del espectador de forma groserísima. Pero, sobre todo, son feos. Suelen ir en mayúsculas, lo que siempre es una ordinariez, y se proyectan con colores chillones de alto contraste, lo que convierte la pantalla en un tenderete. Me da lo mismo que la manía tituladora tenga orígenes nobles en la CNN y en Bloomberg, yo quiero una tele que respete al espectador y no le tome por un bebé distraído que necesita sonajeros.

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El rótulo es también el refugio del cobarde, de quien no se atreve a decir según qué cosas en antena, pero las cuela como quien pintarrajea la puerta del baño del instituto. Son un instrumento perfecto para lanzar piedras y esconder las manos. El rotulista es el chivo expiatorio definitivo.

No sé cómo se gestó aquello de la princesa y el abuelo. Una redacción es un caos con apariencia de orden donde abundan los malentendidos y alguien puede interpretar como una orden un chiste dicho en una reunión. Puede ser, pero los miembros de una redacción no son agentes autónomos. Todos comprenden el tono, el carácter y los límites del producto en el que trabajan. Es muy difícil que se cuelen ocurrencias a contrapelo. Ahí está el problema: no tenían claro que hacían un programa informativo y no estaban en Cachitos. O tal vez el rotulista hacía méritos para que le fichasen en el programa de La 2. Ahora sabe que quien juega con rótulos se acaba quemando los ojos.

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Sobre la firma

Sergio del Molino

Es autor, entre otros, del ensayo 'La España vacía' (2016). Ha ganado los premios Ojo Crítico y Tigre Juan por 'La hora violeta' (2013) y el premio Espasa por 'Lugares fuera de sitio' (2018). Entre sus novelas destacan 'La piel' (2020) o 'Lo que a nadie le importa' (2014). Su último libro es 'Contra la España vacía' (2021).

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