Quinta TemporadaCrítica
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‘Amor y anarquía’, una no tan típica comedia romántica

La serie sueca de Netflix, un éxito del boca en boca, no pretende revolucionar nada, pero tiene encanto y sorprende en el desarrollo de sus personajes

Ida Engvoll y Björn Mosten, en 'Amor y anarquía'.

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La comedia romántica encontró su media naranja en la televisión. El formato seriado permitió al género renovarse y subvertir las normas establecidas, tomar los clichés, retorcerlos y volver acoplarlos a los nuevos tiempos. Desde Catastrophe (Movistar +) hasta Eres lo peor (el 30 de abril estará completa en Disney+ Star), son muchos los títulos en los últimos años que se han salido de los moldes de la comedia romántica para usar su marco para contar historias que van más allá del chica-conoce-chico. A finales de 2020, Netflix estrenó los ocho capítulos de la primera temporada de Amor y anarquía sin mucha fanfarria por su parte pero con bastante éxito gracias a su expansión de boca en boca. Y así, sumó un nuevo título al ya extenso repertorio de comedias románticas no tan típicas.

Recién renovada para una segunda temporada, esta comedia dramática sueca no pretende reinventar ni revolucionar nada. Su trama es bastante predecible en líneas generales, pero tiene el encanto suficiente para engancharte a ella y es capaz de sorprender con el desarrollo de los personajes y los caminos por los que se mueve.

Sofie, una consultora de Estocolmo, casada, con dos hijos, un padre con problemas mentales y una vida, a pesar de todo, estable, es contratada por una pequeña editorial para intentar salvar un negocio que no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. En las oficinas se encontrará la esperable resistencia de los trabajadores más veteranos, para los que recurrir al tirón de un influencer para intentar vender más es pecado capital. También allí conocerá a Max, un joven informático con el que comenzará un juego de retos tanto laborales como personales a raíz de una foto comprometedora. El juego se convertirá en un incentivo para ir a trabajar cada día y para sacar a la luz ese lado rebelde que el formalismo del día a día no permite mostrar.

Una imagen de 'Amor y anarquía'.
Una imagen de 'Amor y anarquía'.Ulrika Malm / Netflix

Más allá de la relación romántica que se intuye desde el principio entre Sofie y Max, el encanto de esta serie está en el desarrollo de los personajes y cómo sus vidas (sobre todo la de ella) se liberan de su coraza para dar salida a su verdadero yo. La comedia, bastante divertida a ratos, y el drama, que se intensifica en el tramo final, se combinan con inteligencia. Además, la serie logra encontrar en sus secundarios un apoyo interesante hasta conseguir que el devenir de la editorial interese tanto o más al espectador que la relación de la pareja central. Destacan en ese aspecto las idas y venidas entre la editorial y Stream Us, una plataforma digital (similar a Netflix, guiño guiño) que quiere comprar la empresa para disponer de material literario para adaptar.

Amor y anarquía es puro escapismo y no aspira a mucho más que a llenar ratos tontos (sus capítulos de media hora entran como pipas) o a satisfacer un maratón entretenido, pero se agradece la frescura de su planteamiento y esa mirada diferente que le otorga su creadora, la cineasta Lisa Langseth, que se nota especialmente en el tratamiento del sexo y los desnudos. Un divertimento en forma de no tan típica comedia romántica.

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