Columna
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La dureza de ‘Los niños de la estación del Zoo’

El submundo de las drogas forma ya parte de los géneros cinematográficos y televisivos

Una imagen del octavo episodio de 'Los niños de la estación del Zoo'. En vídeo, el tráiler de la serie.MIKE KRAUS / SOAP IMAGES / MIKE@SOAPIMAGES.COM / AMAZON PRIME VIDEO

El submundo de las drogas forma ya parte de los géneros cinematográficos y televisivos desde el lejano largometraje de El hombre del brazo de oro, de 1955, hasta las nuevas series Los niños de la estación del Zoo, que exhibe ahora Amazon Prime, y Patrick Melrose, que estrenó en España Sky y ha recuperado Movistar +.

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Y no deja de ser curioso comparar a los personajes y ambientes en los que se mueven en la dos series. En el caso de la alemana, la estación del Zoo de Berlín, sus túneles y urinarios, es el epicentro de seis adolescentes, “hijos del agobio”, que dirían los del grupo Triana, enganchados a la heroína, una adicción excluyente que conlleva la necesidad urgente de conseguir dinero, necesidad que en este caso desemboca inevitablemente en la prostitución. Jóvenes de la periferia, subempleados y que solo anhelan meterse un pico para superar el doloroso síndrome de abstinencia. Chritiane V. Felscherinow, que alcanzó la fama a raíz de un reportaje en la revista Stern, es la protagonista de este descenso a los infiernos en el Berlín de la década de los setenta, arropado por una excelente banda sonora en la que el amo, naturalmente, es el Bowie de Heroes, una de las numerosas canciones que compuso en los dos años que vivió en la ciudad alemana.

En Patrick Melrose, el protagonista, Benedict Cumberbatch, es hijo de un multimillonario estricto e inmisericorde. No necesita prostituirse para conseguir todo tipo de drogas. El mayor problema es él mismo y su afán de evadirse de los recuerdos de un padre autoritario. La miniserie ha recibido varios premios, así como su protagonista, un Cumberbatch histriónico, excesivo, frente a los introvertidos y silenciosos hijos del agobio berlineses. Cuestión de estatus.

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