Ginés García Millán: “Soy un currante de mi oficio, estoy curado de ego”

El veterano actor triunfa mundialmente con ‘¿Quién mató a Sara?’, la serie más vista de Neftlix, después de 35 años de carrera como solvente intérprete de teatro, cine y televisión

Ginés García Millán, actor. Fotografía de BERNARDO PÉREZ. Vídeo de OLIVIA LÓPEZ BUENO.

Llegamos puntualísimos, enmascararillados ambos, y empezamos a hablar sobre qué vacuna nos han puesto y en qué dosis, la nueva forma de romper el hielo entre maduros desconocidos, antes de aposentarnos en el reservado del hotelazo donde hemos quedado a media tarde. En cierto modo, el entrevistado juega en casa, dado que se crió viendo pasar huéspedes en el bar y la recepción del modesto hotel de su familia en su pueblo, Puerto Lumbreras, Murcia, donde aún vota, y adonde no ve la hora de retirarse a descansar después de un año frenético.

Este hotel tiene más estrellas que el suyo. Cómo cambia el cuento...

Sí, pero el hotel de mi infancia fue mi ventana al mundo. El mundo venía a verme sin salir de casa. Vi gente que vestía diferente, pensaba diferente, sentía, hablaba y amaba diferente. Turistas suecas, moteros alemanes, viajantes, maleantes, artistas, músicos de paso. Eso era lo que yo quería, ver mundo y, en cuanto pude, a los 15, salí a por ello.

¿Cuál fue su pasaporte?

El deporte. Jugaba al fútbol, me fichó de portero el Murcia y luego el Valladolid. Allí, viendo los Estudio 1 que me fascinaban desde niño en la tele, con esos Bódalo, Rodero o Rabal, y el festival de cine, tuve claro que quería ser actor. A los 20 dejé el fútbol y empecé a estudiar en la Escuela de Arte Dramático. Fue la mejor decisión de mi vida.

¿Nunca temió al pánico escénico?

Siempre he creído en mí, y eso es lo que se necesita para ser actor, una profesión muy hermosa que te da mucho, pero también te quita. Este oficio no tiene nada que ver con la fama, con el dinero, con las redes sociales. Lo digo a quien me pregunta. Uno sabe cuando no puede hacer otra cosa. Tienes que hacer caso a tu corazón. Si tienes dudas, no lo hagas.

Lleva 35 años en escena ¿Se siente ya dueño de su oficio?

Es que esta carrera se aprende como la velocidad: corriendo. Pero creo que he tenido la fortuna de sentirme así en el teatro, porque creo que lo más importante en esta profesión es el silencio. El aplauso, muchas veces, no es verdad. Depende del director de moda, el actor de moda, la función de moda. Pero el silencio no miente. He tenido la suerte de hacer textos enormes, como el Vania de Chejov, que te exige abrirte en canal y mostrar las tripas, y, cuando he sentido ese silencio, he sabido que he acertado en este oficio, con todo lo que me ha exigido en la vida [se emociona].

¿Tanto ha dejado en el camino?

Bueno, muchas cosas. Como he hecho algunas series de éxito, a mi hija le decían: qué bien, tu padre es famoso, y ella decía, sí, pero me gustaría verlo más. Pero no, no es eso. Ahora me emociono porque vengo de trabajar y uno se vacía. No soy de los que me llevo el personaje a casa, pero vengo de rodar El comensal, una película que habla de las víctimas de ETA, del dolor, de las heridas, y de cómo eso afecta a la familia. Estoy flojo, necesito parar, ir al campo, estar con los míos y vivir la vida.

Este año también ha dado el pelotazo con ¿Quién mató a Sara? ¿Cómo lleva tener club de fans a los 57?

Lo llevo con sentido del humor. Lo guardo para cuando no haya. Yo soy y siempre seré un currante de mi oficio, estoy curado de ego. De lo que no estoy curado es de querer que me quieran, y esto es agradable. La serie se ha visto en 50 países y ha llegado a 55 millones de hogares. Me escriben de Alemania, de Estados Unidos, de Dinamarca. Al principio me agobié muchísimo porque quería contestarle a todo el mundo. Pero ya le dijo Juan Belmonte sobre la gloria a Chaves Nogales: pase lo que pase, “en dos horas se hará de noche”. Pues eso, también esto pasará. En este oficio nunca pasa nada, y, si pasa, pasa muy rápido.

¿Aún se siente inseguro?

Mucho, siempre estás expuesto. He tenido la suerte de hacer mucho teatro y muchas giras, y ahí notas que la gente te quiere, mucho más de lo que dicen algunos políticos. Pero para otros vales lo que tu último trabajo. He trabajado en series como Herederos, en las que muchos no es que no supieran quién era yo, sino Concha Velasco, que es una diosa. Esta profesión nos pone frente al espejo y, si miras, ves qué te va a pasar.

Le veo superescéptico.

No, pero sé de lo que va este oficio, y en este oficio el éxito no existe. El éxito consiste en vivir de él, en encadenar trabajos. Soy un privilegiado. Vivo de esto y vivo bien. Hay actores que cobran una miseria por una sesión en una serie. No es cierto que haya más trabajo y mejor pagado con las plataformas. Y, además, el éxito es otra cosa. Como dice el poeta Karmelo Iribarren, el éxito es llegar a casa y desde lejos ver una lucecita de alguien que te está esperando.

¿Hay lucecita en su casa?

La hay, felizmente.

Se ha especializado en galanes maduros y tipos despreciables ¿Tiene idea de por qué?

Supongo que los hago bien. He hecho de príncipe, mendigo y, sí, de tipos infames. Todos tenemos una parte buena y una mala, sobre todo si tienes curiosidad por el género humano, que ha cambiado poco desde las tragedias griegas. Lo vemos en las noticias todos los días. Querer acercarte a eso e intentar comprender por qué alguien es capaz de humillar, maltratar e incluso matar a otra persona también es interesante.

¿Por qué no existe el equivalente a galán maduro en mujer?

Eso digo yo, la travesía de los 50 es difícil, pero para las actrices muchísimo más, y es tremendamente injusto. He tenido travesías del desierto, quizá no tanto de trabajo, pero sí emocionales. A esta edad, uno si ha vivido, ha vivido de todo. También el dolor y el desencanto.

Sus colegas resaltan su “solvencia”. ¿Piropo o puñalada?

Que hablen de ti, aunque sea bien. Para mí es un piropo. Todos queremos que nos quieran y respeten nuestro trabajo y yo soy afortunado porque creo que tengo el respeto de mis compañeros, que no es poco. Creo que eso es como el carpintero, que la primera mesa emplea una energía y una fuerza innecesaria y, después de miles de mesas, se dosifica y afina. Eso es la maestría. A veces hay quien dice que eso es fácil y que así también lo hace él. Vale, pues hazlo tú.

Últimamente, Murcia está en las noticias y no precisamente por la alegría de la huerta.

La situación política me tiene bastante cabreado. Que haya un Gobierno con expulsados de Vox y tránsfugas de Ciudadanos no me representa ni a mí ni a muchos paisanos. Somos mucho más diversos que eso.

Algunos de los personajes de esa historia tienen una serie.

Sin duda, pero la gran serie pendiente en España es la de la trama Gürtel. Aún hoy, viéndolo en perspectiva, me veo como Correa. Además, me doy un aire...

Desde que dejó su hotel, ¿de qué fuentes bebe para inspirarse?

Observo a la gente. Cualquier pueblo es un universo. Tuve la grandísima suerte de frecuentar a Paco Rabal, también murciano. Lo conocí rodando Nazca, mi primera serie. Imagínate: dos años viajando por Sudamérica con ese hombre. Paco me decía: [imita extraordinariamente bien su voz cascada] “Tú fíjate mucho en tus paisanos de Puerto Lumbreras, apréndete el texto y párate en la marca, con eso vas a todas partes”. Y ese es el mejor consejo que me han dado en la vida.

HÉROE Y VILLANO

Ginés García Millán (Puerto Lumbreras, Murcia, 56 años) lleva desde los 20, cuando colgó sus botas de prometedor portero de fútbol en el Valladolid, encarnando a galanes y malvados clásicos y contemporáneos en el teatro, el cine y, sobre todo, la televisión. Presencia habitual en series clásicas de televisión generalista -Periodistas, Herederos, Isabel, el bombazo mundial de ¿Quién mató a Sara?, el título más visto estas semanas en Neftlix le pilla ya “curado de ego”. Recién llegado de rodar El comensal, una película sobre el dolor de una familia amenazada por ETA, hoy estará ya recargando las baterías en su pueblo del "secano" murciano donde empezó a ver la diversidad del mundo en la recepción del hotel que regentaban sus padres. Igual se anima a engrosar la colección de poemas y cuentos que escribe por placer. Y puede que algún día los leamos.

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Sobre la firma

Luz Sánchez-Mellado

Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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