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Mierda

Ayuso destina a Toni Cantó, en oceánica soledad, a una movida involuntariamente cómica denominada Oficina del Español

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y Toni Cantó durante una visita al campo de fútbol del Club Deportivo Oña, en Madrid, en abril de 2021.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y Toni Cantó durante una visita al campo de fútbol del Club Deportivo Oña, en Madrid, en abril de 2021.A. Martínez / Pool

No sé si debido a mis escasas luces soy el único que tiene un grave y permanente problema de comunicación por tratar de comprender el discurso de la mayoría de la clase política. Nunca sé lo que pretenden expresar, aunque reconozco su camaleónica capacidad para decir un día una cosa y al siguiente la contraria. Sin el menor sonrojo, por supuesto. Sin que les pongan una multa o los entrullen.

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Por ello, agradezco captar diáfanamente el significado de lo que sale por su boca. Por ejemplo, que Óscar Puente, alcalde de Valladolid y alguien afortunadamente bronco y cáustico cuando algo le repele en su gremio, haya definido a Toni Cantó, profesional de la trashumancia y la deserción bien pagadas, como un mierda y un memo. Con el primer calificativo me aclaro sobre el comportamiento y fecalidad de ese señor que afirmaba impunemente que era actor. El segundo, sobra. O en cualquier caso, es un memo que sabe buscarse una lujosa vida en la ciénaga. O sea, algo de execrable listeza poseerá.

Y Ayuso le destina, en oceánica soledad, a una movida involuntariamente cómica denominada Oficina del Español. Asegura la agradecida Ayuso para justificar las diez monedas de plata que recibe el traidor, que ese cargo no es descabellado. Tampoco un chiringuito, sino un organismo político para un político. Y que el presidente del país es el máximo especialista en buscarle curro a sus amigos en las administraciones. Ninguna duda por mi parte, cositas eternas y asquerosas de la naturaleza no solo humana, sino política. El resumen que hace Puente del futuro trabajo de Cantó no es lírico ni espiritual, pero sí realista y castizo: “Va a cobrar 75.000 euros por rascarse los huevos a dos manos”.

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