Quinta TemporadaCrítica
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‘Mythic Quest’ pasa al siguiente nivel

La comedia ambientada en el equipo responsable de un videojuego en línea concluye una gran segunda temporada que ahonda en el alma de la historia

Rob McElhenney, F. Murray Abraham y Charlotte Nicdao, en el octavo capítulo de la segunda temporada de 'Mythic Quest'.

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Para que una comedia funcione, te tienen que importar sus personajes. Eso lo tenían claro en Mythic Quest: Banquete de cuervos desde su primer episodio. A diferencia de otras comedias, la creación de Rob McElhenney, Charlie Day y Megan Ganz para Apple TV+ consiguió el milagro de que los engranajes funcionaran desde el comienzo, sin necesitar tiempo de rodaje para que todo encajara. Su carta de presentación, a principios de 2020, sorprendió por la eficacia de la propuesta, una especie de combinación de Silicon Valley, Community y The Office con el toque friki y emotivo justo para atraer a un público más amplio del que podía parecer a priori.

Pero si por algo se ha distinguido Mythic Quest es, curiosamente, por los capítulos independientes, aislados de la trama principal. En la primera temporada sobresalía el episodio que contaba, a través de una historia de amor imposible, el pasado del edificio en el que transcurre la acción. Luego llegó la pandemia y los responsables de la serie se marcaron el mejor capítulo (y mira que hubo intentos...) que se rodó en el confinamiento, donde las risas y la energía positiva se combinaban con el aislamiento y el miedo que tantos sintieron en aquellos días.

Justo antes de empezar la segunda temporada, otra emisión especial presentaba una competición entre los personajes con la que los responsables del videojuego querían dar carpetazo a la oscuridad del año de la pandemia y el teletrabajo y volver a lo más parecido a la normalidad. Y ya en la segunda temporada, dos entregas centradas en uno de los personajes secundarios, el interpretado por F. Murray Abraham, han vuelto a demostrar lo bien que se le da a esta serie salirse del camino marcado.

Charlotte Nicdao, Rob McElhenney y Derek Waters, en la segunda temporada de 'Mythic Quest'.
Charlotte Nicdao, Rob McElhenney y Derek Waters, en la segunda temporada de 'Mythic Quest'.

La temporada recién terminada ha ahondado en las dificultades de lidiar con el ego de los demás (y el propio) en un trabajo creativo, con dos personalidades opuestas pero destinadas a entenderse como las del ególatra Ian (Rob McElhenney) y la ingeniera Poppy (Charlotte Nicdao) al frente del videojuego. La evolución de todos los personajes les ha llevado a un final de temporada en el que cada uno tiene una conclusión satisfactoria que les ponen ante destinos imprevisibles. Parece como si los guionistas no estuvieran seguros sobre el futuro de la serie y hubieran decidido, por si acaso, plantear un final que pudiera servir de despedida definitiva (ojalá los dioses de los videojuegos no lo quieran así).

Si esto hubiera sido todo, al menos esta segunda temporada ha saldado la cuenta pendiente que tenía con el responsable de la narrativa del videojuego, el premiado escritor venido a menos CW. El pasado del personaje de F. Murray Abraham es en esta ocasión el protagonista del que posiblemente sea el mejor episodio de la temporada y, quizá, de la serie, trasladando la trama a las paredes de la revista Amazing Tales Magazine para seguir a un joven y ambicioso CW en sus primeros pasos en la ciencia ficción y ver a sus admirados Ray Bradbury, Ursula K. Le Guin e Isaac Asimov compartir techo con él. De nuevo, la ambición y la emoción unidas. El siguiente episodio servía para que el personaje, de vuelta al presente, saldara cuentas con los fantasmas del pasado en otra entrega que ponía por delante los sentimientos.

Josh Brener, Shelley Hennig y Michael Cassidy, en el quinto episodio de la segunda temporada de 'Mythic Quest'.
Josh Brener, Shelley Hennig y Michael Cassidy, en el quinto episodio de la segunda temporada de 'Mythic Quest'.

Pero si estos episodios, por muy autónomos que puedan ser, funcionan dentro del todo es porque la serie tiene alma desde el primer momento. Por eso, aunque cuenten historias derivadas, la conexión se mantiene a través de ese fondo emocional que tan bien ha logrado construir sobre sus sólidos cimientos Mythic Quest. Ojalá la partida no acabe aquí. Pero si lo hace, el viaje habrá merecido la pena.

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