Columna
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Prometeo estrellado

El ‘apartheid’ televisivo no está compuesto necesariamente por voluntarios. A muchos no les volvieron a llamar. A otros se los tragó la noche, o la droga, o todo a la vez

Nuria Bermúez, en 'Crónicas marcianas'.
Nuria Bermúez, en 'Crónicas marcianas'.

Quiso el destino que anoche buscase el vídeo en el que Nuria Bermúdez grita “¡Papa, llama!” en Crónicas marcianas. No lo hallé, pero durante la pesquisa apareció un recorte en el que la vidente Cristina Blanco vaticinaba el futuro de Rocío Carrasco: “La veo muy bien con su marido y su hija, aunque estarán mucho mejor cuando la Benemérita le dé a Antonio David la baja definitiva”. Ni Paco Rabanne en 1999 logró errar tanto el tiro. Encontré un momento de D.E.C. en el que María Patiño le preguntaba a NuriaBer cómo es que la proxeneta María Mora le había preguntado a ella si quería ser prostituta. El catálogo de Mora parecía la lista de cameos de Torrente. Los escándalos de la televisión española siempre han estado lastrados por la cutrez. La reputación propia hay que arruinarla con glamur, aunque sea por dejar una buena historia.

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Tanto Nuria Bermúdez como Cristina Blanco viven fuera de foco por motivos diferentes. El apartheid televisivo no está compuesto necesariamente por voluntarios. A muchos no les volvieron a llamar. A otros se los tragó la noche, o la droga, o todo a la vez. No creo que sea la única que acuda a las redes sociales para ver qué fue de todos ellos mientras se pregunta angustiada de dónde sacan el dinero para llenar la piscina un año más. Los rictus de crispación se fueron para dar paso a arrugas, flaccidez, y cara de haber dormido bien. Se fueron los insultos, las acusaciones en directo. Lo que nosotros percibimos como un capítulo grotesco de Los autos locos está lejos de la realidad. Cada visita a un plató es un día más atados a una roca en Escitia sufriendo el tormento del águila. También es verdad que Prometeo nos dio el fuego, y que toda esta gente no sé qué le ha dado al mundo como para que les merezca la pena llegar cada noche a casa tras unas horas de vejación absoluta. Quizás Cristina Blanco tenga la respuesta.

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