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‘El Chiringuito’: este programa puede contener trazas de fútbol

La locura por el fichaje (o no) de Mbappé ha llevado a este programa a convertirse en una parodia de sí mismo. Más aún

Mbappé saluda al director deportivo del PSG, Leonardo Nascimento, en París.
Mbappé saluda al director deportivo del PSG, Leonardo Nascimento, en París.

En El Chiringuito están escandalizados. Kylian Mbappé está tan alegre que hasta se abraza al director deportivo del PSG —20 minutos de repeticiones a cámara lenta dedicaron al abrazo de apenas tres segundos en una pieza que, como el Empire de Warhol, merecería verse en el MoMA—. Están resentidos porque en contra de lo que esperaban, —y vendían— el francés no sale al campo enfurruñado y con un billete a Barajas entre los dientes.

El programa de Pedrerol, como los futbolistas que juegan mejor sin balón, ha hecho virtud de la anomalía que implica alejarse de la acción en el campo porque lo que le nutre de contenido está fuera de él. El análisis deportivo languidece frente a cebos mendaces, exclusivas inconsistentes o publicidad de apuestas. Una desfutbolización que no es su patrimonio exclusivo. Cuando este jueves Kiko Matamoros ofreció en El desmarque un argumento estrictamente futbolístico contra el fichaje del francés le llamaron “contracultural”, como si hubiese recitado Aullido desnudo. ¿Cómo no va a ser imprescindible un jugador que genera contenido sin siquiera haber pisado España?

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En los interminables especiales que se han emitido sobre el advenimiento del Godot Mbappé apenas se ha hablado de su papel en el esquema de Ancelotti, pero sí, mucho, del deshonor que supone que el PSG no negocie con el noble y bélico adalid, como si en lugar de fichajes se hablase de la afrenta de Corpes.

Si finalmente los programas sobre fútbol van a liberarse de la engorrosa parte deportiva, bien podrían utilizar su tiempo para explicar qué tiene que ver el honor con los equipos financiados por países ajenos a los derechos laborales o con quienes califican a sus trabajadores de anormales o tolilis. Pero eso mejor lo dejamos para otro momento, que tres horas diarias no dan para nada.

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