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Mario Camus

A todos los escritores nos viene bien que nos compren alguna novela para adaptarla a cine o televisión

Eescena de 'Los santos inocentes' (1984), de Mario Camus.
Eescena de 'Los santos inocentes' (1984), de Mario Camus.

Ignoro a cuántos escritores publicados conoce usted, pero le contextualizo por si no conoce a ninguno: a todos nos viene bien que nos compren alguna novela para adaptarla a cine o televisión. En Los ilusos, de Rafael Azcona, los poetas soñaban con que una señora mayor les invitara a recitar a su casa, y ahora comeríamos más y mejor (sobre todo lo segundo) si Netflix le echase un ojo a alguno de nuestros trabajitos. Todos los días algún escritor suelta en Twitter que le han comprado los derechos de una novela; todos los días lo ven los de las plataformas y le relegan al final por bocazas.

Adaptar —lo sabe cualquier lector— no es trasladar a la pantalla. “Me gustó más el libro” es la primera frase de cualquier niño que descubre la lectura. Y es una frase maravillosa. Porque el cine y la televisión crean lectores. Y los lectores son personas a las que se les brinda la oportunidad de conocer lo que nunca vieron.

Este viernes falleció Mario Camus. Fortunata y Jacinta, La forja de un rebelde, Los santos inocentes, o La colmena no eran adaptaciones fáciles. Él supo hacerlas. Le menciono como guionista y también como director: Los santos inocentes tenía un lenguaje, y de ese lenguaje nacía un mundo, y ese mundo lo supo mostrar Camus. No todo el material a adaptar es tan exigente como el de Barea o Pérez Galdós, pero sí pide lo mismo: escuchar. Escuchar al libro, a los personajes, escuchar el ritmo de la palabra. Y en eso Mario Camus era único. Sea usted escritor o no, mantenga cerca la ventana que abría Mario Camus: la vida se entiende mejor cuando se mira más allá de la pantalla que hay entre nuestros ojos y el mundo.

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