Itziar Miranda: “Manolita me ha dado serenidad y yo a ella optimismo y arrojo”

La actriz lleva 17 años, de los 25 a los 42, encarnando a Manolita, el alma de la serie ‘Amar es para siempre’, y el personaje que la inspiró para escribir cuentos sobre mujeres pioneras y los desafíos del milenio

La actriz Itziar Miranda, protagonista de 'Amar es para siempre'. Fotografía de BERNARDO PÉREZ. Vídeo de PAULA CASADO y OLIVIA LÓPEZ

La actriz Itziar Miranda saluda efusiva en el mismísimo decorado de la terraza de El Asturiano, el bar de Manolita, su personaje en Amar es para siempre, y una cree caer de repente en una alucinación espacio-tiempo. Por edad y estilismo, Itziar, esta atractiva y modernísima mujer de traje pantalón negro, camiseta blanca, melena azabache con raya al lado y flequillo al bies rollo Verónica Lake maña, podría, perfectamente, ser la hija mayor o la nieta pequeña de Manolita, esa aguerrida madre-coraje, niña de la posguerra, cuya vida recrea la serie a través de las décadas. Pero es que es ella. Tiene sus ojos, su voz, su aura. Hasta ahí llega el mimetismo. Impresiona.

Discúlpeme, Itziar, pero me sale llamarla Manolita. ¿Cuánto le pesa el personaje a la espalda?

Tranquila, así me llama todo el mundo. En las redes, incluso, me llaman la madre de España. Manolita pesa mucho pero es un peso bonito, no me agobia. He crecido con ella, ella me enseña a vivir, por ella he aprendido a escuchar. La gente se me acerca, o me escribe, y me cuenta cosas íntimas, creyendo que se las cuentan a ella. Es un regalo, un privilegio.

Cuénteme qué le cuentan.

Cosas que te llegan al alma. Hay gente para quien la serie es su única compañía. Gente mayor que no tiene a nadie. Nadie. Me llegan cartas de señoras que dicen que soy su mejor amiga, que si no fuera por “la novela” se hubieran muerto. Lo de la pandemia ha sido horrible. Hemos acompañado a gente sana, pero que estaba sola, y la soledad, al final, mata. Por eso digo que Manolita pesa, pero bendito peso.

Llevan 17 años juntas. ¿Qué tiene usted de ella y ella de usted?

Tengo mucho de ella, pero no soy ella. Ella tiene 8 hijos, ha enterrado a una, y yo tengo dos niñas y estoy felicísima. Ella me ha dado reposo, serenidad, y yo le he dado, quizá, optimismo, arrojo, mi vehemencia aragonesa, el no achantarse ante nada. Nos retroalimentamos.

En todos estos años ella ha llorado a mares, ¿se lleva sus lágrimas a casa?

En su época más terrible, yo llegaba exhausta emocionalmente a casa. También he llorado mis penas con ella. Piensa que, de los 25 a los 42 años, he vivido aquí. He tenido separaciones, he enterrado a mi padre, he tenido un aborto, me he puesto de parto, he amamantado a mis hijas. Interpretar a Manolita me ha hecho ser consciente del legado de nuestras madres y abuelas. Sin ella, no habría roto a escribir. Es mi homenaje a ella y a ellas.

Se levanta a las 4 de la mañana para escribir ¿Qué necesidad?

Pues por eso, por pura necesidad personal. Una necesidad brutal. No es por dinero. Vivo muy bien de la serie. Pero, igual que Manolita se empoderó cuando empezó a trabajar fuera de El Asturiano y se rebeló porque necesitó el permiso de su marido, yo me empoderé cuando empecé a escribir cuentos sobre mujeres pioneras.

Pero si ya era usted famosísima.

La fama no te empodera. Ha habido muchas mujeres famosas, pero no poderosas. Mi hermano, que escribe los libros conmigo, mi padre, que era médico, y mi abuelo han sido listísimos, aclamados y empoderados. Las mujeres de la familia hemos sido más artistas, reconocidas en casa. Al conocer la historia de esas mujeres pioneras, vi que hay referentes, que hubo muchas antes que nosotras, y me dio como un subidón de autoestima. Empecé a creérmelo, porque, a veces, las mujeres no nos lo creemos. Si las hubiera conocido antes, me hubiera empoderado mucho antes.

¿Manolita era feminista?

Sí, sin saberlo, como tantas mujeres de entonces. No le gustaba esa palabra, no la entendía, pero se da cuenta de que lo es cuando defiende la libertad de sus hijas. Una es lesbiana, otra está exiliada en México, y a ella la meten en la cárcel por leer un texto de Clara Campoamor. Son guiños que los guionistas me hacen porque me conocen, los adoro.

En la serie, Manolita se suelta el refajo, figuradamente. ¿Cómo se mete una en su piel?

No sé si ella llevaría refajo, pero a veces me ponen uno para hacerme más ancha. También llevo sujetadores especiales, que te hacen un pecho antiguo. Llevo unas tetas de época estupendas.

Desarrolle ese concepto.

Jajaja. Pues son tetas así, diferentes, como más armadas, y me encantan, porque me recuerdan a mi abuela y a sus batas.

¿Cada cuánto se tiñe para tener ese pelazo zaino sin una cana?

Aún tengo pocas, y me las tiñen porque Manolita, siempre la más moderna, es distribuidora de Avon, pero danos tiempo. Me dejaré las canas como Itzi y, si la serie sigue avanzando en el tiempo y yo sigo, como Manolita.

¿Itzi y Manolita se pondrían bótox?

Empiezo a ver a amigas que empiezan con el mundo retoque y las veo guapísimas, pero me entra la duda de si, cuando yo tenga la cara llena de arrugas seguiré trabajando, porque no me voy a retocar. Si siguen haciéndose series de época, trabajaré, pero si no, igual mi cara no funciona. El tiempo lo dirá, y, si no, seguiré escribiendo. Tampoco soy una actriz que trabaje por su físico, nunca me han llamado por guapa.

¿Entonces, por qué la llaman?

Creo que porque trabajo desde la tripa, desde el estómago, porque tengo algo exótico, quizá herencia de mi abuelo cubano, y porque doy mucho la turra de llamar para trabajar, soy fácil, nunca me quejo y cobro poco. Los técnicos de Amar... me decían que no parezco actriz, y yo pensaba que era porque no era buena en lo mío, hasta que me dijeron que era porque no tenía la soberbia, o la tontería, o la torpeza de alguien que confunde el que te estén todo el día atendiendo porque necesitan que estés siempre preparada para salir, con la admiración o la lisonja. Empecé muy jovencita a trabajar, y con gente muy mayor que me enseñó mucho de la profesión. Aspiro a seguir la cadena.

¿No le dan ganas de escapar de esa jaula de oro?

No es una jaula, ni siquiera de oro. Cada temporada se renuevan los elencos, las tramas y los personajes, y te espolea a dar lo mejor. Es un máster continuo. Aquí he conocido y trabajado con mis ídolos. Recuerdo cuando vino Juanjo Artero, de Verano azul, y estaba nerviosísima. O Lola Herrera. O Anabel Alonso, que ahora es una de mis mejores amigas. Además, la serie no me ha impedido hacer otros proyectos. Y ahora, con los libros, viajo por el mundo y yo también aprendo. Como son para niños y jóvenes, he tenido que ponerme al día de su jerga. Crush, cringe, shippear son palabras que me ha enseñado mi compañero Álvaro de Juana, uno de los actores jovencitos de la serie, y de las que no tenía ni idea. Lo he puesto hasta en los agradecimientos del libro.

Vale, la serie se llama Amar es para siempre, pero, ¿se imagina a Manolita divorciándose?

Perfectamente, ella siempre es una adelantada y hoy se divorcia gente de 70 años. Fíjate que creo que, pasado el duelo, hasta tendría Tinder. Y, por supuesto, tendría Twitter, y sería la más peleona por defender sus principios y los de su gente.

¿Y cómo se vendería en su bio?

Mmm: “Mujer alegre, madre de ocho hijos, pionera, puedo con todo. ¿Tomamos un café?”.

'MIRANDEANDO'

El lema elegido como su estado de Whatsapp retrata bien a Itziar Miranda (Zaragoza, 43 años), la actriz que lleva 17 años metiéndose diariamente en las casas de millones de personas a la hora de la siesta en la piel de Manolita Sanabria, la madre coraje de la teleserie Amar es para siempre (Antena 3). No para. Ahora, escribe. De cuatro a seis y media de la madrugada, hora en la que la recogen para grabar, escribe. Es autora de las colecciones infantiles Los libros de Miranda, donde recrea la vida de mujeres pioneras en todos los campos, desde Hedy Lamarr a Clara Campoamor, y Miranda y Tato, cuentos escritos a seis manos con su hermano y su marido, a través de los cuales da a conocer los retos de la Agenda 2030 de la ONU a niños y jóvenes. ¿Le compensa el madrugón? "Me da la vida", responde.

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Sobre la firma

Luz Sánchez-Mellado

Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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