María Escario: “Tenemos que abrir las ventanas y explicar a la gente lo que hacemos. No soy la de asuntos internos”

La veterana periodista asume el cargo de Defensora de la Audiencia de RTVE

María Escario, el viernes en la Gran Vía de Madrid.
María Escario, el viernes en la Gran Vía de Madrid.INMA FLORES (EL PAIS)

La periodista María Escario (Madrid, 61 años) ha pasado de ser portavoz de RTVE a altavoz del público. Durante tres años formó parte del equipo directivo de Rosa María Mateo como responsable de Comunicación y hace un mes asumió el cargo de Defensora de la Audiencia, una figura creada durante el mandato de Carmen Caffarel que desde 2006 actúa como un órgano independiente enfocado a proteger los derechos de los telespectadores y radioyentes, amparar la participación y fomentar la transparencia. Como gestora de ese legado, Escario defiende la autocrítica. “Es sanísima. Supone un ejercicio de responsabilidad interna y externa. Beneficia a la empresa y al servicio público y es absolutamente necesaria. Es un motor para evolucionar, en todos los sectores, no solo en la televisión. Una empresa que no se evalúa se queda atrás. Cualquier compañía tiene que tener un Pepito Grillo, una voz de la conciencia que reconozca las cosas cuando se ha equivocado”.

Escario ingresó en el ente público en 1985 y buena parte de su carrera ha estado vinculada a la información deportiva, donde acumula la cobertura de siete Juegos Olímpicos y decenas de competiciones internacionales. Presentó más de 10.000 telediarios, retrató a figuras relevantes en Enfoque y participó en la puesta en marcha de Buenos días y de 48 horas. Ahora le corresponde desempeñar una tarea que tuvo un lejano pariente en Tome la palabra, un programa emitido en los años ochenta (dirigido por Alfonso Díez y con una cabecera firmada por Peridis) en el que los espectadores lanzaban quejas, sugerencias y reclamaciones. La periodista es doblemente heredera de aquel programa: fue su puerta de entrada en RTVE. A los 19 años trabajó de secretaria en Tome la palabra y 40 años después cierra el círculo como Defensora de la Audiencia.

María Escario entrevista al presidente de RTVE, José Manuel Pérez Tornero, en su primer programa como Defensora de la Audiencia, el pasado 26 de septiembre.
María Escario entrevista al presidente de RTVE, José Manuel Pérez Tornero, en su primer programa como Defensora de la Audiencia, el pasado 26 de septiembre.RTVE (Europa Press)

Hace cuatro décadas, los espectadores lamentaban que los hombres del tiempo no dieran una, reclamaban que los partidos de fútbol se emitieran en directo y se escandalizaban por la “bochornosa y fraudulenta” ficción sobre Cervantes, supervisada por Camilo José Cela, hasta el punto de propugnar su secuestro. Hoy en día la audiencia sigue protestando pero sin tanta vehemencia. “Las quejas van por rachas. Llevo poco tiempo, pero durante el relevo hemos visto con el anterior defensor [Ángel Nodal] que la audiencia pide que no nos desviemos de la misión de televisión de calidad e información de rigor”, comenta Escario en una conversación telefónica el jueves, rematada en una conversación presencial al día siguiente. Admite que “a veces hay más desahogos que quejas”, si bien en su primer mes de mandato abundaron los reproches por la desaparición de programas míticos de Radio 3. Otros espectadores sugerían la recuperación en TVE de un formato de entrevistas al estilo de A fondo, que se emitió entre 1976 y 1981. “Tenemos que explicar a la audiencia lo que hacemos. Abrir las ventanas y contar las cosas sin miedo y con empatía para que la gente tenga un criterio sobre la empresa que está juzgando. Es un derecho de los ciudadanos y a la vez una oportunidad para la corporación. No soy la de asuntos internos”, incide Escario, que el pasado jueves presentó al consejo de administración sus tres ejes de trabajo: cercanía, diálogo y transparencia.

Poco margen de maniobra

La Oficina de la Defensora recibe hasta 3.600 quejas en un trimestre. Un alto porcentaje están relacionadas con los programas de entretenimiento. “La parrilla”, matiza su responsable, “da más trabajo que los informativos, que no son el principal foco de las críticas”. Quienes tienen, sin embargo, clavados los ojos en los telediarios son los políticos. ¿Ejercen una excesiva presión sobre TVE? “De toda la vida. Las comparecencias de prensa se hacen a menudo pensando en los telediarios. Para los políticos, salir en un telediario es algo muy importante y siempre han ejercido presión, pero para eso están los profesionales de RTVE, para saber medirlo. Esta empresa ha estado siempre muy presionada por los políticos, de todos los colores. Les gusta mirar la televisión con un cronómetro. Nosotros lo vemos desde otra óptica, la del criterio periodístico”. Los políticos están más pendientes de la cantidad que de la calidad, “y prueba de ello es que en todas las comparecencias parlamentarias se habla más de eso que de otra cosa. Esta empresa está tremendamente regulada. Tenemos un margen de maniobra muy limitado, por ejemplo, en los procesos electorales”.

Quizá tengamos que empezar a cambiar nuestros hábitos de consumo. O acostumbrarnos a no ver tanta televisión o a no verla hasta tan tarde con la familia

Un lamento recurrente es que la programación acaba demasiado tarde y torpedea la conciliación. “Esa es una queja común. Si queremos parecernos a los horarios de los países europeos tendremos que empezar a modificar rutinas. Si los comercios cierran a las diez de la noche y los trabajos acaban después de las siete de la tarde es complicado armonizar la vida familiar y laboral”, expone Escario, que considera que el problema de la conciliación debería ser una cuestión de Estado. Propone una solución: “Si la gente ve un problema en que los programas acaben tan tarde existe la posibilidad de ver la televisión en diferido, aunque es verdad que no todo el mundo tiene una smart TV. Pero a lo mejor no es necesario ver todo MasterChef en una noche. Se puede ver la mitad un día y la otra mitad al día siguiente. Quizá tengamos que empezar a cambiar nuestros hábitos de consumo. O acostumbrarnos a no ver tanta televisión o a no verla hasta tan tarde con la familia. Hace falta una alfabetización mediática. Las teles pueden ayudar, pero también se necesitan políticas de conciliación emanadas de la propia Administración o desde las empresas. Es una cuestión de mentalización”.

Para que su tarea sea útil, la periodista enfatiza que es imprescindible el apoyo interno. “Orgánicamente, la defensora depende del presidente de RTVE. Y si el presidente no se lo cree va contagiando al resto del equipo. El actual presidente [José Manuel Pérez Tornero] sí que se lo cree. Yo estoy para remar a favor del servicio público y eso implica tener claro la misión de esta empresa”. No obstante, admite haber detectado “cierta soledad” en algunos de sus predecesores, e insiste en que la corporación es de los ciudadanos. “Tienen todo el derecho a exigir. Pagan el servicio de la radiotelevisión pública. Los espectadores son más tolerantes con una televisión privada, que también es un servicio público, porque solo tiene que rendir cuentas ante sus los accionistas. Nuestros accionistas son 45 millones de personas”.

Antes de asumir este cargo, Escario estuvo al frente del área de Comunicación durante los tres años de interinidad de Rosa María Mateo. “La provisionalidad no es buena para nada. Hemos estado sin presupuesto y se han ido incorporando gastos, como el pago del IVA. Ha habido una situación de inestabilidad que nunca puede ser buena para una empresa como esta, que trabaja con un decalaje casi de dos años”. Solventada esta situación tras el acuerdo parlamentario de febrero, RTVE tiene ante sí otros retos de calado: “El consumo lineal”, observa la periodista, “está bajando y los jóvenes han renunciado a ver la televisión en directo. Las cadenas generalistas tenemos que hacer un ejercicio de autorreflexión”.

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