Roberto Leal: “Tengo mi genio, no soy Papá Noel, pero no me gustan las peleas de gallos”

El presentador de ‘Pasapalabra’, culmina un año redondo con su flamante premio Ondas y el estreno de ‘Lego Masters’, un concurso de construcciones que le recuerda a su fallecido padre, albañil de profesión

Roberto Leal, periodista y presentador de televisión. Fotografía de BERNARDO PÉREZ. Vídeo de PAULA CASADO y GIANLUCA BATTISTA

Llegamos casi a la vez el fotógrafo, la operadora de vídeo y la entrevistadora, cada uno desde una punta de Madrid en su coche y con el GPS en ristre para no perderse, a la cafetería del centro comercial perdido sobre un nudo de autovías donde nos ha citado el entrevistado. Vive relativamente cerca, conoce a los dueños del Chatter Café, y así mata dos pájaros de un tiro: optimizar su escaso tiempo y hacerles la visita a unos amigos. Parece que Roberto Leal (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 42 años) hace honor a su apellido. Son las diez de la mañana, acaban de abrir las tiendas y la turra de villancicos en bucle de la ambientación musical ya trepana los tímpanos del público, que llena el local para desayunar antes de lanzarse a comprar regalos navideños. Aún quedan dos semanas para Nochebuena.

¿Qué ha pasado en su vida desde que presentó el Telepasión de TVE en 2016 como reportero de España directo?

Un tsunami, un huracán, una dana, cualquier fenómeno meteorológico me vale. Han sido cuatro años de constante cambio. Venía de hacer actualidad y sucesos y siempre quise hacer entretenimiento, pero nunca sabré quién me señaló en un despacho para presentar Operación Triunfo, el programa que, aparte de cambiarme la vida, me dejó el pelo blanco.

¿Sus canas son culpa de OT?

Sí, fue brutal, de un mes para otro. Las canas no son siempre por un disgusto. Lo mío fue un pico de estrés. Fue una época de muchísima alegría e ilusión, pero también de mucha presión.

Al año siguiente falleció su padre, en vísperas de que usted diera las campanadas de TVE. Esto terminaría de encanecerlo.

Sí. Todo eran buenas noticias y, de repente, eso te pone en tu sitio. Está muy bien toda la fanfarria y toda la alegría, pero luego te pega la vida una hostia tan fuerte... Eso, y el que me haya venido todo esto con 21 años de oficio a la espalda, hace que ponga las cosas en su lugar. Dentro de mi orden del día, mi trabajo, con todo lo que me apasiona, no tiene la prioridad.

Pasó de canterano a fichaje estrella.

Sí, mis inicios como reportero fueron los años más felices de mi vida profesional. Recorrí España de cocina en cocina, conociendo gente maravillosa, aprendiendo el oficio y cogiendo 10 kilos de comérmelo todo. Aunque yo me sigo viendo con 25, cuando cumples 40, le das la vuelta al jamón.

Tiene una niña y un niño, de 4 años y 10 meses. ¿Concilia o delega?

Mi mujer, Sara, y yo trabajamos juntos en nuestra productora. Ella más dentro de casa y yo más fuera, pero yo hago mi parte. Quiero que mi hija recuerde que su padre la llevaba al colegio y la peinaba, que tendrías que ver cómo la llevo, a la pobre. Ahora soy consciente de la fragilidad del tiempo. Cuando me quiera dar cuenta, mi niña tendrá 18 años, y yo, cuando me quise dar cuenta, mi padre ya no estaba.

Les dedicó el Ondas a él y a su madre. ¿Cuánto le debe?

Tanto... Me da mucho coraje que él no me vea ahora. Él llegaba a las diez de la noche de trabajar, la criatura, y no me bañaba ni me daba de cenar, pero, cuando a los 18 quise ponerme a trabajar para ganar dinero, me sentó y me dijo: “Estudia, o acabarás como yo, poniendo ladrillos”. Eso te sienta la cabeza. Le pedí un ordenador, costó 150.000 pesetas, una fortuna. Solo ellos saben lo que le costaría pagarlo, pero para eso siempre había. Él era un hombre de pocas palabras. Nunca me dijo nada de la tele, pero mi madre me ha dicho que presumía de mí con sus amigos. Ahora sería un tío joven, de 67 años. A veces, llamaba y no le cogía el teléfono, por estar liado. Me sigue pasando con amigos, pero con los amigos tienes prórroga. Con mi padre no tuve esa prórroga. De vez en cuando, Facebook me sugiere a mi padre como amigo. Y eso te pega una hostia que te quita toda la tontería.

¿Cuánto de periodista hay en el entretenedor Roberto Leal?

Soy más periodista que entretenedor. Siempre lo llevo conmigo. No me habrás visto discutir con un jurado, perder los papeles, decir una palabra fuera de lugar. Soy el maestro de ceremonias, pero sé muy bien lo que hay detrás, igual que, cuando entrevisto a algún concursante, lo escucho, pero sé si está funcionando o no, porque yo he estado ahí. Y eso va a ser así hasta que me muera.

¿Y no tiene mono de cubrir noticias, con la que está cayendo?

Depende del día. A veces me plantaría allí con el micro, como con el volcán de La Palma, pero siempre he huido de la información política, de cualquier cosa que no controlaba y no me hacía sentir cómodo. Lo que me llama es la actualidad de cercanía.

O sea, que el debate del estado de la nación que lo cubran otros.

Jaja, sí. Yo, con ver lo bien que lo hacen los colegas, me vale.

¿Cómo hace para caerle bien a todo el arco parlamentario?

Mucha gente me acusa de buenista, pero yo trato de no hacer mucho ruido y no meterme en barrizales, ya me metí en muchos ríos desbordados de reportero y creo que aprendí a ir siempre más en el límite del bien que del mal. No creo que me venga bien, relativizo.

O sea que es san Roberto Leal.

No, tengo mi genio, no soy Papá Noel, pero no me gusta meterme en peleas de gallos. Soy más cabezota que cabezón, y eso que la cabeza me mide 61 centímetros. No es un chiste: me la medí un día con Juan y Medio y le gané. El Ondas me lo dieron por “la bondad”, como si fuera algo extraordinario, yo no lo considero un don. En este oficio, o eres buena persona o el camino es corto. Cuando destacan mi normalidad, pienso que, hoy, la normalidad está sobrevalorada. Si se hubiera llevado otro tipo de presentador más sofisticado, no hubiera tenido esa oportunidad.

¿Cómo sortea la fina línea entre ese buen rollo y la cursilería?

Me salta el termostato. Mi termostato es no diferir de cómo soy yo en realidad. No soy el mismo, pero cuando me alejo mucho de cómo soy, me chirría.

¿Cómo puede hablar tan rápido en Pasapalabra sin trabarse?

Pasapalabra me ha soltado la lengua. Llego a casa acelerado del programa, mi mujer me dice que le cuente cómo ha ido el día, pero que dure por lo menos 10 minutos, porque en dos ya he acabado.

Iba a decir una ordinariez...

Jajaja. Bueno, la soltura de lengua me ha dado muchas alegrías, y no solo en la tele.

¿Ha acertado alguna vez algún rosco?

Jamás, ni lo acertaré nunca. Ahora, después de 500 programas y 1.000 roscos, conozco palabras que flipas y que estoy como loco por colocar en algún momento.

Aproveche, que esto queda escrito.

Pues te diría, por ejemplo, que ahora, con la calefacción y el jersey de cuello vuelto tengo un poco de mador por el cuello y que te daría un ósculo y un amplexo para despedirme porque me ha encantado verte, a riesgo de que me digas “qué pesao el de Pasapalabra”.

Poniendo ladrillos

Roberto Leal estudió Periodismo por cuestiones prácticas. No le dio la nota de Selectividad para hacer Publicidad y fue la propia Universidad la que le sugirió que, con sus calificaciones, podía acceder a la rama de Periodismo. Antes, había pensado seriamente en dejar los estudios y ponerse a trabajar ―"de lo que fuera, miré hasta meterme al Ejército", dice― para aportar dinero en casa. Pero su padre, Pepe, albañil de profesión, lo sentó y le dijo que, o estudiaba, o era probable que acabara como él, poniendo ladrillos. El resto de la historia está en las videotecas de las cadenas de televisión donde ha trabajado, primero de reportero, catando todos los caldos del país como reportero de cocina en España directo, y, desde su salto al entretenimiento con Operación Triunfo, como maestro de ceremonias de algunos de los concursos más populares de la tele. El miércoles, el flamante premios Ondas e Iris, estrena Lego Masters, un concurso de habilidad en la construcción de mecanos que le recuerda a su añorado padre, fallecido en la Nochebuena de hace dos años.


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Luz Sánchez-Mellado

Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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