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Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La “mayor cagada” de la Policía británica

La serie ‘El destripador de Yorkshire’ reconstruye la fracasada investigación policial que no impidió el asesinato de, al menos, 13 mujeres

El 'destripador de Yorkshire', Peter Sutcliffe, sale de un tribunal en Londres, el 14 de abril de 1983.

Todo el mundo ha tenido o tiene un sospechoso para el caso de Jack el Destripador; todos, menos la Policía inglesa. Así que cuando en 1975 apareció en un descampado de Yorkshire (norte de Inglaterra) el cuerpo mutilado de la prostituta Wilma McCann, se presentó una oportunidad única para redimir el histórico fracaso que ha dado lugar a incontables series de televisión, películas, obras de teatro, ensayos y novelas desde que el famoso asesino cometió su primer crimen en 1888. La miniserie El destripador de Yorkshire (Netflix, cuatro capítulos) reconstruye lo que el periodista Derek Jameson, del noticiero News of the World, calificó de la “mayor cagada” policial de la historia. Ni las elevadas recompensas, ni los investigadores mirando fijamente a las cámaras de televisión retando al criminal, ni el análisis de las cintas y cartas enviadas por el asesino [en realidad fueron redactadas por un simulador], ni las gigantescas campañas de alerta sirvieron, hasta seis años después, para atrapar al hombrecillo que descuartizó, al menos, a 13 inocentes e hirió gravemente a otras siete. Y eso que el humilde policía Andy Laptew, desde el comienzo de las pesquisas, lo señaló directamente: “Me amenazaron con dirigir el tráfico, si volvía a insistir”.

Nueve veces interrogó Laptew a Peter William Sutcliffe, y nueve veces ofreció respuestas incongruentes o contradictorias. Hasta en la empresa de transportes donde trabajaba el criminal, y dada la insistencia del agente, ya le conocían como Jack el Destripador. “A veces hasta respondía con una sonrisa”, recuerda William Clark, compañero de trabajo.

Cuando los familiares de las víctimas afirmaban que las asesinadas no eran meretrices, sino estudiantes, amas de casa o farmacéuticas, la policía británica sonreía: seguro que, en el fondo, sus allegados no las conocían del todo... Las mujeres que milagrosamente se salvaron de la muerte ―fueron golpeadas con martillos en la nuca, pero sobrevivieron― clamaban justicia y describían unos rasgos concretos del delincuente. “La Policía de Yorkshire no merece la pena, no”, se queja en la serie una de las agredidas y que había descrito con exactitud el aspecto y el acento del criminal.

Joan Smith, periodista del The Sunday Times, recuerda que, cuando se le arrestó en 1981, “todos querían que fuese un monstruo” frío y calculador, una mente privilegiada que había diseñado un plan para humillar a la Policía y provocar el pánico entre la población, algo que consiguió. La realidad era otra: detrás del homicida no se ocultaba un poderoso aristócrata o una mente calculadora con un sombrero de copa. El asesino resultó ser un camionero de 37 años, con una infancia de humillaciones, y que “había oído la voz de Dios”. Atacaba a las mujeres que encontraba solas en la noche.

En realidad, se desconoce a cuántas agredió y asesinó. “Hay más crímenes sin resolver y él lo sabe. Pero creo que se los llevará a la tumba y, a la postre, será el vencedor”, termina Keith Hellaw, superintendente policial que revisó en 1992 el caso. Sutcliffe murió hace poco más de un año por la covid. Esta vez la Policía acertó.

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Sobre la firma

Vicente G. Olaya

Redactor de EL PAÍS especializado en Arqueología, Patrimonio Cultural e Historia. Ha desarrollado su carrera profesional en Antena 3, RNE, Cadena SER, Onda Madrid y EL PAÍS. Es licenciado en Periodismo por la Universidad CEU-San Pablo.

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