María Lo, ganadora de ‘MasterChef’ 10: “En el programa he pasado por todos los estados emocionales que existen”

La vencedora de la décima edición del popular formato culinario encara un horizonte lleno de proyectos, oportunidades y tentadoras ofertas de trabajo

María Lo, ganadora de 'MasterChef' 10, con su trofeo.
María Lo, ganadora de 'MasterChef' 10, con su trofeo.RTVE

María Lo (Chiclana de la Frontera, 32 años) ya es toda una MasterChef. La gaditana se convirtió en el programa del pasado lunes en ganadora de la décima edición española del formato tras vencer en un duelo culinario a su compañera Verónica Gómez. Lo ha superado toda una serie de pruebas de infarto con su disciplina y trabajo metódico, que atribuye a las enseñanzas de su padre chino, que no pudo asistir a la final (grabada el 28 de abril) por problemas de salud y que falleció en mayo. En su paso por MasterChef ha hecho grandes amigos e incluso se ha reencontrado con su anterior pareja, Teresa, con la que mantiene ahora una buena relación. Actualmente, la joven que entró al programa sin empleo tiene en el horizonte toda una serie de proyectos y ofertas de trabajo que le auguran un futuro brillante en el mundo de la cocina.

Pregunta. La percibieron como una alumna aventajada desde el principio. ¿Se veía así?

Respuesta. MasterChef es un formato largo en el que estás tres meses y medio. Yo pasé por todos los estados emocionales que existen en este planeta tierra. Entre la tercera semana y la cuarta me entró un pico de inseguridad, ya que he sido muy insegura de siempre. Por eso me metía mucha caña y me exigía hacerlo todo perfecto para que no tuviera opción de fracasar. Coincidió también con la elaboración del bendito y maldito suflé, que lo sufrí lo más grande. Eso fue el resultado de esa inseguridad que me abrumó, porque además empecé a ver que la gente estaba empezando a coger carrerilla y a tomárselo muy en serio. Fue un traspié que me sirvió para decir: “Tía, párate, baja a la tierra. No te inundes, estás haciendo las cosas bien. Y si te equivocas, aprenderás”. Fue un momento de aprendizaje muy fuerte, así que podría haber llamado al plato El suflé de la inflexión.

P. Confesó que no le gustaban los piropos. ¿Cómo está encajando la oleada que se le ha venido encima tras la final?

R. En el programa, Jordi [Cruz] me lanzaba piropazos, aunque a veces me decía que esperaba más de mí. Cuando empiezan a repetirte cosas bonitas te choca, y luego lo vas encajando un poquito más. A día de hoy, que es todo tan bestia con la cantidad de gente que me dice cosas preciosas, llega un punto en el que lo normalizas y aceptas sin quitarle el valor. Antes, cuando me soltaban los piropos, ponía cara de tonta. Ahora, por lo menos, puedo decir gracias. Pero aun así hay veces que me cuesta.

P. ¿Qué pueden hacer los futuros masterchefs para adquirir la disciplina de María Lo ante situaciones tan estresantes?

R. Hay que tener un padre asiático (ríe). Viene mucho de mi padre y creo que es mundialmente conocido eso de ser tan metódico en la cultura asiática. También me ayudó mucho mi propia pasión por la cocina, que en realidad viene igualmente del amor que me dio mi padre desde pequeña. En vez de un abrazo, como buen asiático, me decía que probara cosas distintas. Cuando tenía pruebas individuales difíciles, en las que todo el peso recaía sobre mí, me ponía a mirar el plato y mi cabeza se ponía como loca a pensar. Por eso en los programas se me veía quieta, como si por dentro me estuviera pasando de todo. Entonces, cuando empezaba, ya tenía la idea clara y tiraba adelante.

P. Ha salido del programa con un montón de oportunidades. ¿Aceptará esa oferta de trabajo de Jordi Cruz?

R. Estoy mirando a corto plazo. Ahora voy a estudiar el máster en el Basque Culinary Center, que para mí es el mayor sueño del mundo, ya que yo siempre he querido estudiar cocina. Ese es el premio más importante. Pasados los siete meses, cuando acabe, creo que encajaré esa oferta de trabajo de Jordi Cruz. Tengo muy claro que quiero montar mi propio proyecto, pero de toda experiencia se aprende y algo que me apetece experimentar es el trabajo en un espacio gastronómico con estrellas Michelin. Encima con Jordi, que he pasado trece semanas con ese hombre. Lo considero un mentor, así que me hace especial ilusión. El tema de trabajar en Cancún también me parece una maravilla, lo que pasa es que es un año y tendría que ver si me compensa. Ahí tendré que comerme mucho la cabeza.

P. ¿Y cuándo tiene pensado abrir su propio restaurante?

R. Soy una persona muy atropellada, así que si fuera por mí ya tendría mi restaurante montado y funcionando. Pero no, hay que ir paso a paso. Necesito tiempo para pensar en el proyecto, estudiarlo bien y plasmar en él toda mi esencia. Mis proyectos más cercanos son estudiar en el Basque y seguir formándome con Jordi mientras saco adelante otros planes más personales. Me interesa montar un delivery en Barcelona para que la gente pruebe mis platos en casa. Luego tengo otro proyecto con mi chica en Tarragona, donde tenemos un terrenito con olivos que queremos aprovechar para hacer nuestro propio aceite de oliva virgen extra. Nos encanta conectar con la naturaleza, así que poder crear algo con nuestras propias olivas, prensarlas y sacar una marca nos apetece mucho. En cuanto a mi restaurante, no creo que salga en los próximos dos años, pero está claro que ahí está el futuro de María Lo.

María Lo, ganadora de MasterChef 10, durante uno de los programas.
María Lo, ganadora de MasterChef 10, durante uno de los programas.

P. ¿Está al día con sus compañeros y rivales del programa?

R. Como siempre en la vida, se es más afín con unas personas que con otras. La suerte que hemos tenido es que somos un grupito muy joven con orgullo de haber luchado todo lo que hemos luchado. Hemos formado un grupo muy chulo. Estoy más al día con la gente con la que fui más afín, pero siempre me voy enterando de lo que va haciendo todo el mundo. Pero me quedo con Teresa, mi ex, con la que ya no hablaba y ahora tengo una relación superchula tras MasterChef. Y Vero, por supuesto. Ayer vi la final y la verdad es que no la cambio. Me gustó mucho ese Vero contra María, la rubia y la morena, dos mujeres luchando por su pasión por la cocina. Me siento muy identificada con ella y conectamos en muchas cosas, como la exigencia y el profesionalismo.

P. ¿Se atrevería a montar un proyecto con alguno de ellos?

R. De Vero siempre digo que contaría con ella con los ojos cerrados para cualquier tipo de negocio y proyecto en común. No creo que se materialice, ya que ella tiene muy claro lo que quiere hacer y yo también. Pero oye, nunca digas nunca. Ella en Madrid y yo en Barcelona. Podría salir algo interesante.

P. Pepe Rodríguez le dijo en la prueba final que le gustaría haber catado todavía más influencia asiática en su cocina. ¿Tomó nota?

R. Bueno, papá ya me ha dado lo más grande: la pasión que tengo por la cocina. Vino a España con un primer grupo de chinos hace más de sesenta años, y de alguna manera escapaba de su situación familiar. Su madre, con la que estaba muy unido, falleció a los 40 años. Decidió venirse a España a encontrar su camino y a escapar un poco de China. Entonces, como nunca me habló de manera muy positiva de eso, he dejado ese tipo de cocina un poco de lado. Sí que es cierto que sigue siendo una parte muy importante de mí, así que quizá, aunque la influencia asiática no esté en todos mis platos, me dará por meter algún elemento en todos mis postres. Al final, está muy de moda.

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